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domingo, 10 de abril de 2016

En defensa de mi Propiedad Intelectual frente al «Puerto de Arrebatacapas» monesteriense

Hace poco tiempo cayó en mis manos una copia de uno de los expedientes que formó parte del último pleno municipal de Monesterio, de su sesión ordinaria del 29 de febrero de 2016. Resulta que un “vecino” había entregado un escrito al Ayuntamiento el 10 de diciembre de 2015 en el que acompañaba un presunto estudio propio, por lo menos una parte no es suyo por mucho que se empeñe que diga que sí y se lo atribuya como tal, sobre unos maestros nacionales que vivieron unos nueve años en Monesterio, desde 1921 hasta 1929: Don Vicente Pelayo y doña Sofía Entrialgo. Estuvieron poco tiempo, pero sobre todo don Vicente Pelayo causó mella en Monesterio, por las novedades pedagógicas que traía como bagaje, y por su compromiso social con los campesinos y los hijos de los campesinos, que eran sus educandos.
Si ciertamente dicho “vecino” hubiera estudiado de verdad la figura de don Vicente, en su estancia en Monesterio hubiera podido concluir que el sentimiento de la envidia hace tiempo que campa a sus anchas en nuestro querido pueblo. En cuanto a los Pelayo, envidia de la mala por un lado, y admiración y respeto por otro, al cincuenta por ciento. Y que por esas envidias que a veces se levantan en ésta nuestra localidad hace que a las personas válidas no les haya quedado más remedio que tirar la toalla, o por otro lado hagan frente a los envidiosos, en este caso el noventa por ciento y diez por ciento respectivamente. Esas envidias, por ejemplo, son las que promueven las decisiones democráticas para borrar el nombre de los autores de los estudios locales, como por ejemplo, del texto histórico del tríptico turístico, una aportación desinteresada del autor, y que en la última edición he podido comprobar que el Ayuntamiento “socialista” ha considerado pertinente borrar el nombre de aquél.
Pues bien, don Vicente Pelayo y su mujer doña Sofia Entrialgo, maestros nacionales pueden ser un ejemplo de personas bienintencionadas que levantaron admiración y también recelos y envidias (de las malas). Aquél fue promotor de un Campo de Experimentación Agrícola, legalmente reconocido por el Ministerio de Instrucción Pública, Promotor de la Biblioteca Circulante del Labrador, Promotor de la construcción de las Escuelas Graduadas de El Llano, Promotor de la introducción de la Radio como actividad pedagógica en el aula, Promotor de la apertura de las primeras cartillas de ahorro infantil en la Caja Postal, Promotor de la aplicación de láminas de transparencia mediante proyector, etc. El “vecino ilustrado” apenas habla de la labor de su esposa, Sofía Entrialgo, porque resulta que no consta en mis escritos (qué casualidad).
Pues bien, lo que se ha presentado en el Ayuntamiento por este singular “vecino” ya estaba no sólo estudiado, sino también publicado, hace muchos años, por servidor. Sólo es examinar la Revista de la Romería de San Isidro Labrador del año 2000 y allí consta un artículo bajo mi firma con el título «El Campo de Experimentación Agrícola y la Biblioteca Circulante del Labrador de Monesterio (1921-1940)». Ahí estaba todo escrito e investigado; y en el año 2008 se presentó un estudio más profundo sobre el estado de la Educación Pública en Monesterio a principios del siglo XX en los Coloquios Históricos deExtremadura que también ha sido objeto de saqueo por el “ilustre vecino”, también sin citar la procedencia. No se puede alegar el desconocimiento de estas dos publicaciones, porque está al tanto de las mismas y me consta, la primera porque se hizo una edición de más de 1.000 ejemplares, y la segunda, aunque tiene su edición en papel, desde hace cuatro años está a disposición del público en su página Web. La idea del homenaje tampoco es propia, ya en el año 2000 terminaba mi artículo solicitando un público reconocimiento a esos maestros olvidados rotulando calles que no tenían nombre.
No han esperado a que haya muerto para que empezar el saqueo y el expolio de mis investigaciones. No. Estaban, por lo que se ve, muy impacientes, y no tenían espera. Una cosa es que no tenga que ver con el poder “socialista” local (cosa que no me interesa) y que como no soy precisamente de la clase de “tiralevitas” o “arrimaos”, o de los que “coquetea” con los “caciquillos” para obtener prebendas y favores, no soy de su agrado; y otra cosa muy distinta es que si se utilizan mis estudios, lo mínimo es que se cita que ya ha habido a un autor que ha tratado con cierta profundidad el asunto. Lo que ha hecho el vecino es lo que en el “mundillo” (feliz expresión del radiopredicador local) de los historiadores se denomina fusilar la investigación o el trabajo de otro. Pero además, con el añadido, en este caso, para mayor gloria del “vecino” de ser un bluff, es decir, un montaje propagandístico para hacer creer al público que es un sabio y una lumbrera, pero después, detrás, no hay nada de nada, sólo humo.
El 28 de marzo de 2016 mediante carta dirigida al Ilmo. Alcalde de Monesterio («o al que haga sus veces o le sustituya») expresé mi más enérgica protesta de que se haya presentado un presunto estudio, en el que la parte referida a la época de estancia de los dos Maestros Nacionales en Monesterio ya estaba publicada substancialmente en el 2000, y también el 2008, y en ningún momento se hace alusión a esa autoría, lo cual de entrada es un fraude, porque no es un estudio inédito, sino plagiado en su esencia (en lo que se refiere a esa parte que trata sobre la estancia de los Pelayo en Monesterio) a investigaciones previas ya publicadas por otro autor. Y tenía derecho a alegar en tanto en cuanto se ha incorporado a un expediente administrativo del Ayuntamiento de Monesterio. He hecho las alegaciones que han sido pertinentes aunque al “vecino” no le haya gustado ni un pelo que haya hecho público el plagio (cosa que me es igualmente indiferente). Tengo pruebas de que no es la primera vez que lo hace. Yo defiendo mi Propiedad Intelectual, y lo haré por medios que sean menester. El Ayuntamiento dispone ya de esos dos estudios publicados anteriormente para que compare si el “vecino” es autor inédito o por el contrario ha expoliado a otro, siendo pues un bluff al atribuirse como algo propio. Otra cosa es que tome una decisión al respecto sobre la enmienda, que sería lo lógico, cosa que estos ojos no verán.