Hace poco tiempo cayó en mis manos
una copia de uno de los expedientes que formó parte del último pleno municipal
de Monesterio, de su sesión ordinaria del 29 de febrero de 2016. Resulta que un
“vecino” había entregado un escrito al Ayuntamiento el 10 de diciembre de 2015
en el que acompañaba un presunto estudio
propio, por lo menos una parte no es suyo por mucho que se empeñe que diga
que sí y se lo atribuya como tal, sobre unos maestros nacionales que vivieron
unos nueve años en Monesterio, desde 1921 hasta 1929: Don Vicente Pelayo y doña
Sofía Entrialgo. Estuvieron poco tiempo, pero sobre todo don Vicente Pelayo
causó mella en Monesterio, por las novedades pedagógicas que traía como bagaje,
y por su compromiso social con los campesinos y los hijos de los campesinos,
que eran sus educandos.
Si ciertamente dicho “vecino”
hubiera estudiado de verdad la figura de don Vicente, en su estancia en
Monesterio hubiera podido concluir que el sentimiento de la envidia hace tiempo
que campa a sus anchas en nuestro querido pueblo. En cuanto a los Pelayo, envidia
de la mala por un lado, y admiración y respeto por otro, al cincuenta por
ciento. Y que por esas envidias que a veces se levantan en ésta nuestra localidad
hace que a las personas válidas no les haya quedado más remedio que tirar la
toalla, o por otro lado hagan frente a los envidiosos, en este caso el noventa
por ciento y diez por ciento respectivamente. Esas envidias, por ejemplo, son
las que promueven las decisiones democráticas para borrar el nombre de los
autores de los estudios locales, como por ejemplo, del texto histórico del
tríptico turístico, una aportación desinteresada del autor, y que en la última
edición he podido comprobar que el Ayuntamiento “socialista” ha considerado
pertinente borrar el nombre de aquél.
Pues bien, don Vicente Pelayo y
su mujer doña Sofia Entrialgo, maestros nacionales pueden ser un ejemplo de
personas bienintencionadas que levantaron admiración y también recelos y
envidias (de las malas). Aquél fue promotor de un Campo de Experimentación
Agrícola, legalmente reconocido por el Ministerio de Instrucción Pública,
Promotor de la Biblioteca Circulante del Labrador, Promotor de la construcción
de las Escuelas Graduadas de El Llano, Promotor de la introducción de la Radio
como actividad pedagógica en el aula, Promotor de la apertura de las primeras
cartillas de ahorro infantil en la Caja Postal, Promotor de la aplicación de
láminas de transparencia mediante proyector, etc. El “vecino ilustrado” apenas
habla de la labor de su esposa, Sofía Entrialgo, porque resulta que no consta
en mis escritos (qué casualidad).
Pues bien, lo que se ha
presentado en el Ayuntamiento por este singular “vecino” ya estaba no sólo
estudiado, sino también publicado, hace muchos años, por servidor. Sólo es
examinar la Revista de la Romería de San
Isidro Labrador del año 2000 y allí consta un artículo bajo mi firma con el
título «El Campo de Experimentación Agrícola y la Biblioteca Circulante del Labrador
de Monesterio (1921-1940)». Ahí estaba todo escrito e investigado; y en el año
2008 se presentó un estudio más profundo sobre el estado de la Educación
Pública en Monesterio a principios del siglo XX en los Coloquios Históricos deExtremadura que también ha sido objeto de saqueo por el “ilustre vecino”,
también sin citar la procedencia. No se puede alegar el desconocimiento de estas
dos publicaciones, porque está al tanto de las mismas y me consta, la primera
porque se hizo una edición de más de 1.000 ejemplares, y la segunda, aunque
tiene su edición en papel, desde hace cuatro años está a disposición del
público en su página Web. La idea del homenaje tampoco es propia, ya en el año
2000 terminaba mi artículo solicitando un público reconocimiento a esos
maestros olvidados rotulando calles que no tenían nombre.
No han esperado a que haya muerto
para que empezar el saqueo y el expolio de mis investigaciones. No. Estaban,
por lo que se ve, muy impacientes, y no tenían espera. Una cosa es que no tenga
que ver con el poder “socialista” local (cosa que no me interesa) y que como no
soy precisamente de la clase de “tiralevitas” o “arrimaos”, o de los que “coquetea”
con los “caciquillos” para obtener prebendas y favores, no soy de su agrado; y
otra cosa muy distinta es que si se utilizan mis estudios, lo mínimo es que se
cita que ya ha habido a un autor que ha tratado con cierta profundidad el
asunto. Lo que ha hecho el vecino es lo que en el “mundillo” (feliz expresión
del radiopredicador local) de los
historiadores se denomina fusilar la
investigación o el trabajo de otro. Pero además, con el añadido, en este caso,
para mayor gloria del “vecino” de ser un bluff, es decir, un montaje
propagandístico para hacer creer al público que es un sabio y una lumbrera,
pero después, detrás, no hay nada de nada, sólo humo.
El 28 de marzo de 2016 mediante
carta dirigida al Ilmo. Alcalde de Monesterio («o al que haga sus veces o le
sustituya») expresé mi más enérgica protesta de que se haya presentado un
presunto estudio, en el que la parte referida a la época de estancia de los dos
Maestros Nacionales en Monesterio ya estaba publicada substancialmente en el
2000, y también el 2008, y en ningún momento se hace alusión a esa autoría, lo
cual de entrada es un fraude, porque no es un estudio inédito, sino plagiado en
su esencia (en lo que se refiere a esa parte que trata sobre la estancia de los
Pelayo en Monesterio) a investigaciones previas ya publicadas por otro autor. Y
tenía derecho a alegar en tanto en cuanto se ha incorporado a un expediente
administrativo del Ayuntamiento de Monesterio. He hecho las alegaciones que han
sido pertinentes aunque al “vecino” no le haya gustado ni un pelo que haya hecho público el plagio (cosa que me
es igualmente indiferente). Tengo
pruebas de que no es la primera vez que lo hace. Yo defiendo mi
Propiedad Intelectual, y lo haré por medios que sean menester. El Ayuntamiento
dispone ya de esos dos estudios publicados anteriormente para que compare si el “vecino” es
autor inédito o por el contrario ha expoliado a otro, siendo pues un bluff al
atribuirse como algo propio. Otra cosa es que tome una decisión al respecto sobre
la enmienda, que sería lo lógico, cosa que estos ojos no verán.







