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| Partida de bautismo de Zurbarán, conservada en el archivo parroquial. |
Está anunciada la visita a Fuente de
Cantos del señor arzobispo, Santiago García Aracil, el próximo 11 de noviembre,
día en que se celebra el IV Encuentro de Jóvenes Cofrades, organizado por la
Hermandad de la Misericordia. La visita de un prelado a alguna de las
parroquias de su jurisdicción siempre ha constituido todo un acontecimiento. En
tiempos pretéritos, cuando la religión católica era la única posible, se
producían las 'santas visitas' cada dos o tres lustros, o más, en las que el
obispo reconocía, en puras labores de inspección, todos los establecimientos
eclesiásticos y dictaba sus mandatos, de obligado cumplimiento para el clero y
para los fieles; también confirmaba a quienes aún no habían recibido este
sacramento.
Durante los días que duraba su estancia,
la vida local se paralizaba y miraba, aún más que de costumbre, hacia la
iglesia. Podemos imaginarnos, por ejemplo, la conmoción causada por las tres
visitas del obispo Josef Casquete de Prado, natural de Fuente de Cantos, en
1803, 1815 y 1825. Por desgracia, no podemos aportar mucha información sobre
ellas.
Bastante mejor documentada, gracias a la
labor del historiador Antonio Manuel Barragán Lancharro, se halla la visita del
obispo Adolfo Pérez Muñoz en 1915. España era ya entonces una monarquía
constitucional, pero se mantenía el estado confesional católico, lo que
convertía al prelado en una autoridad a todos los efectos. El obispo fue
recogido en Bienvenida por una comitiva de ilustres vecinos de Fuente de Cantos
organizada en trece carrozas, fue recibido por la multitud a bombo y platillo
(ya teníamos entonces Banda Municipal), en su recorrido hacia la parroquia
atravesó cinco arcos de triunfo, visitó todas las iglesias, convento y ermitas,
el ayuntamiento, el juzgado, la cárcel, los colegios, el hospital, recibió a
las hermandades, confirmó a miles de jóvenes, etc. Inagotable.
Dinero público
Don Santiago quizá no tenga una agenda
tan cargada, por lo que estimamos que tendrá tiempo de escuchar a quienes le
pidan, como humildemente le pide desde aquí este cronista, que no se lleve a
Badajoz nuestro Archivo Parroquial. En efecto, está previsto concentrar todos
los archivos parroquiales de la diócesis en el Archivo Diocesano, y los
traslados van a comenzar muy pronto. Sabemos que nuestra alcaldesa, al igual
que otros alcaldes, le ha solicitado por carta que paralice este traslado y ha
obtenido por parte del vicario general una respuesta negativa.
La decisión parece irreversible, pero
lamentamos que la misma no haya sido acompañada por una explicación coherente
(ni incoherente, es decir, que no hay explicación), ni por medidas que sirvan
de paliativo para esta pérdida de nuestro patrimonio. Repito: nuestro
patrimonio, puesto que si la iglesia somos todos, como tantas veces se ocupa
ella misma de repetir, bien le valdría compartir con su rebaño cosas de las
que, como los libros sacramentales del archivo parroquial, en absoluto puede
apropiarse en exclusiva. De nada sirven luego sus mensajes conducentes a
concitar el apoyo material y la solidaridad de la ciudadanía a la hora de
restaurar templos e imágenes, marcar la casilla del IRPF, pagar con dinero
público a los profesores de religión, los conciertos con los centros educativos
confesionales, etcétera. Para recibir, primero hay que ofrecer. Y recibir
creemos que se hace con generosidad. Sin ir más lejos, los propios archivos
parroquiales de la mancomunidad de Tentudía fueron inventariados, y algunos de
ellos organizados por vez primera, entre 1999 y 2000 con fondos públicos gracias
a un programa del CEDECO. Se hizo para ayudar a los párrocos y a los
investigadores. Y ahora vienen y se los llevan.
La idea de concentrar en un solo
depósito los archivos parroquiales es, en si misma, encomiable. Facilita la
investigación histórica y permite unificar las medidas de gestión y
conservación. Hace ya muchos años que la diócesis de Coria-Cáceres aplicó esta
misma política, y su Archivo Diocesano funciona muy bien. Pero esto se hizo en
una época en la que los fondos, como casi todos los bienes de las iglesias, se
hallaban en precario, e igualmente se hizo cuando aún no se conocía la
digitalización. En la actualidad, los libros parroquiales están perfectamente
conservados gracias al celo y al esmero de nuestros curas, y en general así ha
sido siempre, a diferencia de otros fondos históricos, como los municipales y
notariales, que nos han llegado con bastantes mermas.
En Fuente de Cantos, por ejemplo, no
falta ni un solo ejemplar de la larga serie, iniciada en 1555, de libros de
bautizados, matrimonios y defunciones. Además, el Archivo Diocesano de Badajoz,
a donde van a reunirse nuestros parroquiales, no es precisamente un modelo de
accesibilidad, pues ni existen facilidades en cuanto a los horarios ni se
permite la reproducción de los documentos, por lo que los investigadores, sobre
todo los que se desplazan desde otras poblaciones, lo tienen crudo. Por otra
parte, nos preguntamos: ¿tiene este archivo recursos humanos y materiales
suficientes como para asumir la gigantesca masa documental que se les viene
encima? ¿cuánto tiempo pasará hasta que estén disponibles a la investigación
histórica, si es que lo van a estar?
Vamos a intentar desarrollar algunas de
las cuestiones enunciadas. En primer lugar, hemos indicado que los archivos
parroquiales forman parte de nuestro patrimonio histórico, y lo es por su
antigüedad y por su significación. El primer libro de bautizados data, como
decíamos, de 1555, lo que le convierte, creo, en el objeto de valor más antiguo
que tenemos después de la primitiva imagen de la Hermosa. Una imagen que
acabarán también por llevarse un año de estos, porque claro, con estos
presuntos criterios de preservar adecuadamente el legado histórico de la
diócesis, llegará el día en que requieran las tallas anteriores al siglo XVI para
exhibirlas en el Museo Diocesano; y luego las anteriores al siglo XVIII; y a
continuación las pinturas, la platería ... hasta que en los pueblos, cuyos
vecinos han sufragado durante siglos el patrimonio de la iglesia para que
sirvan de admiración y culto, nos quedemos sin nada.
Documentos históricos
Son también un patrimonio local por su
significación, puesto que en esos libros estamos todos. Está la partida de
nacimiento de Zurbarán (1598), que es prácticamente lo único que tenemos aquí
suyo, la de Casquete de Prado (1756), la de Nicolás Megía (1845), están
anotados todos los fuentecanteños que han nacido, se han casado y se han
enterrado en nuestra población. Si usted quiere algún día investigar sus
ancestros y reconstruir su árbol genealógico, se tendrá que ir a Badajoz. ¿Son
o no son estos libros un patrimonio de todos? ¿Acaso no forman parte del Patrimonio
Documental de Extremadura, según señala el artículo 4.1 de la Ley 2/2007
de Archivos y Patrimonio Documental de Extremadura? ¿Y son conscientes las instituciones
llamadas a salvaguardar dicho patrimonio de las repercusiones que puede tener
el proyecto del arzobispado a nivel local?
No vemos lógico este proyecto de
concentración, y menos en los tiempos actuales, que son los de las nuevas
tecnologías, con las que ya funcionan la práctica totalidad de los archivos
históricos. La digitalización, que es una herramienta fácil, económica y
respetuosa con la masa documental, hace innecesario el traslado. Son numerosos
los ejemplos que podemos poner sobre la mesa, experiencias que han funcionado a
la perfección en otras muchas diócesis (véanse los resultados en
https://familysearch.org/search/collection/list#page=1&countryId=1927167),
lo que ha evitado las transferencias y con ello
soliviantar a los pueblos (un caso paradigmático es el de Canet de Mar:
http://www.lavanguardia.com/cultura/20120717/54326125208/canet-de-mar-evita-obispado-traslado-archivo-parroquial.html),
y lo que es mejor aún: ha permitido universalizar el acceso a la información, y
de esta forma conocer mejor nuestro pasado, puesto que los parroquiales son el
instrumento idóneo, cuando no único, para estudiar los movimientos
demográficos, los grupos sociales, las actividades económicas, las mentalidades
colectivas, el arte, en suma, la historia de nuestros pueblos en su
singularidad para así reconstruir la historia general. También sirven, claro,
para estudiar la historia de la iglesia, a no ser que lo que se pretenda con
estas actuaciones sea precisamente ocultarla. Seguro que no.
Para digitalizar los fondos se precisa
algo mucho más sencillo que el dinero, y es voluntad de hacerlo, y para eso hay
que dialogar. Estamos completamente convencidos que la iglesia contaría para
esta labor con la ayuda de las instituciones regionales y provinciales, ya muy
experimentadas en estos procesos, y también de los ayuntamientos, de las
asociaciones locales y de los investigadores. Tan sólo resta convencer al señor
arzobispo, y por eso suplicamos a todos los vecinos que tengan acceso a él en
su visita a nuestro pueblo el próximo 11 de noviembre que lo intenten. Están en
juego nuestras señas de identidad. Señor arzobispo, no se lleve nuestra
historia. Y que Dios le guarde durante muchos años.
Felipe Lorenzana de
la Puente. Cronista oficial de Fuente de Cantos
Fuente: HOY Fuente de Cantos.
