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jueves, 1 de diciembre de 2011

Artículo de Moisés Domínguez: «Luis García Valdajos, el triste final del último e irreductible español de las SS»

Hace algo más de un mes haciendo mi lectura dominical habitual me encontré con un articulo muy interesante sobre la Segunda Guerra Mundial y la División Azul titulado «Españoles en las SS» (XL Semanal de fecha 2 de octubre de 2011). Este trabajo estaba firmado por el novelista Lorenzo Silva, en él planteaba un reto muy interesante: «¿Vive aún Luis García Valdajos?». Falangista de primera línea en 1936 y en la División Azul en 1942. Rechazó volver de Alemania cuando lo ordenó Franco e ingresó en las SS. Tras la guerra logró volver, de incógnito, a España. Preso por desertor, quedó libre en 1947. Nunca más se supo de él.
Este novelista ha escrito un magnífico libro Niños Feroces en el que retrata de forma magistral-al menos a mi me lo parece- la vida de un puñado de Divisionarios durante la II Guerra Mundial, donde destaca, entre otros, la figura de Jorge García Vallejo (personaje ficticio) pero que tiene mucho que ver con García Valdajos al coincidir sus destinos en la División Azul, la Legión Azul y después en las unidades «clandestinas» españolas de las SS.
Me propuse resolver este enigma dado que a Luís García Valdajos se le perdía la pista en la década de los cincuenta. Este fascinante personaje desde el punto de vista histórico (por su pasado no pretendo juzgarlo ni como héroe ni como villano) llegó a estar encuadrado en la división Wallonie vistiendo el uniforme de las Waffen-SS, quizás el último «irreductible» español de las SS. Cualquiera que esté interesado en su historia en la II Guerra mundial lo tiene a tiro de tecla en el buscador Google por lo que no abundaré en este asunto.
¿Qué fue de este hombre que vivió hasta el último día el hundimiento del III Reich en primera persona? En 1950 lo encontramos como delegado de la falange comarcal de información e investigación del ayuntamiento de Sabadell. A partir de ahí parece que se dedicó a los negocios en la industria vinícola. Después sorprendentemente aparece como inventor de un «cepillo de Bolsillo» entre los inventos patentados en España en 1953. Pero desde esta fecha hasta 1975 su vida es puro misterio.
Sabemos que se caso con una súbdita alemana llamada Juttmaría Turcke Freiw V.Lutzon de la que se separó años después. Disponían de un pequeño local de dos habitaciones en la Calle del Marqués de Santa Ana, núm. 19 de la capital madrileña y su último domicilio conocido fue en la Calle Pilarica, nº10 de Madrid. A que se dedicó y donde estuvo entre 1953 a 1974, lo desconozco. Sólo tenemos rumores que llevo una vida desordenada.
Entre julio de 1975 a diciembre de 1978 trabajó para la Dirección General de la Función Pública y desde abril de 1979 a octubre de 1988 en la Mutualidad Laboral de Instituciones Financieras y Seguros. Por la fecha de nacimiento podría aún estar vivió y por eso creo que el novelista planteó el reto sobre su fe de vida. Pero desgraciadamente Luis García Valdajos (Tordesillas, 4 de mayo de 1918, hijo de Rufino y Basilida) falleció en Madrid el 27 de octubre de 1988 a las cinco horas en la Clínica de la Luz de Madrid debido a una cirrosis hepática siendo enterrado al día siguiente en el Cementerio Sur de Madrid en la carretera de Toledo.
El único rastro que quedo de su muerte fue una lacónica esquela mortuoria publicada en el ABC el 06 de noviembre de 1988 que se hacia eco de su fallecimiento en la que tan solo algunas asociaciones relacionadas con la industria vinícolas (ALCIVA, ANEVI y AEMOS) rogaban una oración por su alma y en el que notificaban que el funeral se celebraría en la Iglesia-Catedral de San Isidro el 7 de noviembre de 1988.
Hoy su despojos descansa en una olvidada fosa común de este cementerio ya que al pasar diez años del contrato del nicho temporal donde fue enterrado nadie se hizo cargo de sus restos. Este es el triste final de alguien que podía habernos dejado unas memorias fascinantes y del que tan solo disponemos los fríos legajos de un Archivo Militar. Al menos hemos cumplido el reto que proponía el novelista Lorenzo Silva o eso creo yo.