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miércoles, 8 de junio de 2011

Artículo de Moisés Domínguez: «La memoria torticera»

Existen estudiosos, investigadores e incluso historiadores que dan a las fuentes orales una presunción de certeza y una fiabilidad que la historiografía seria no le ha concedido. Cuando manejamos el uso de los testimonios hay que hacerlo como suma cautela. El uso de esta fuente de investigación debe ser un apoyo a la fuente documental que tiene como misión cubrir las lagunas del documento escrito. Todo esto viene a cuento pues he observado que con alegría y por supuesto cuando interesa se usa la fuente oral como base irrefutable para apoyar un hecho que no ocurrió como el testigo lo cuenta e incluso a veces ese presunto testigo se encontraba a cientos de kilómetros del lugar donde ocurrieron realmente los hechos.
Así en un documental que se puede visionar en Youtube tecleando http://www.youtube.com/watch?v=Q96vBCIC73A, el escritor Don José Luis de Villalonga (Madrid 1920 – Andratx 2007) nos relata un cuento de legionarios muy bien armado que podría pasar por cierto para el historiador o investigador poco avezado. El mismo se erige en protagonista de los hechos que acontecieron en la toma de Badajoz el 14 de agosto de 1936 y se mete tanto en el papel que llega a creerse que estuvo en esta ciudad de frontera.
El testimonio del Marqués de Castellvell no tiene desperdicio: «…A mí, si un obrero asturiano, de repente, me degüella un cura, me parece más "normal" que no que un señor como el General Yagüe cuando TOMAMOS Badajoz se subió en un camión y dijo, había la plaza de toros donde estaban, estaban los de la derecha no. Se subió a un camión y dijo los que están en la plaza son los nuestros los que están fuera a por ellos y allí chico salieron los moros cuchillo en mano y fue una escabechina…».

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En 1936 don José Luis de Villalonga tenía 16 años. La Guerra Civil le sorprendió estudiando en el colegio de los dominicos de Saint-Elme de Arcachon en Francia. Un padre autoritario y proclive a los alzados le hace llamar y le alista en los nacionales donde servirá en los Requetés. Será en una novela con tintes autobiográficos “Fiesta” publicada en Francia en 1971 y después en español en 1983, llevada posteriormente al cine, donde nos proporciona el dato clave para desmontar su presencia en Badajoz. En esta novela narrará su experiencia vital durante la contienda llegando a expresar que estuvo enrolado en un pelotón de fusilamiento. Relata que el joven adolescente Rafael (alter ego de José L. de Villalonga) empieza su participación en la Guerra Civil en Octubre de 1936, dos meses después de la toma de Badajoz (Realmente Villalonga regresó a España seis meses después de iniciada la Guerra Civil). Es decir, es temporalmente imposible que José Luís de Villalonga estuviera en Badajoz el 13,14 y 15 de agosto de 1936 salvo que realizara un virtuoso juego de bilocación al más puro estilo del inefable periodista norteamericano Jay Allen.
Además no es un dato contrastado que el General Yagüe se subiera a un camión en Badajoz y arengara a sus tropas de forma tan vehemente. En todo caso la historiografía siempre ha manejado otra versión que no es otra que esta: «¡Caballeros legionarios! Los rojos afirman que no sois soldados, sino frailes disfrazados. Entrad en Badajoz a decir misa». Que haya pseudo-historiadores que den carta de naturaleza a estos testimonios sin contrastar las fuentes primarias es simplemente lamentable.

Nota del Administrador del Blog: Estoy totalmente de acuerdo con el artículo de Moisés Domínguez. Sólo decir que Moisés y yo hemos culminado una investigación sobre la presencia de René Brut en Badajoz en 1936 y que con pruebas documentales e históricas rebatimos algunas mentiras establecidas sobre la estancia de este operador de la casa Pathé Journal en la capital pacense. Dicho estudio se presentará el próximo mes de septiembre.