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viernes, 11 de noviembre de 2011

Artículo de Moisés Domínguez: «Jacques Berthet, “el inicio del mito”, Badajoz 27 de julio de 1936»


Jacques Berthet toma notas junto a la Brecha de la muerte (dibujo del autor)

La historiografía sobre la Guerra Civil en Badajoz es muy numerosa e historiadores de toda índole han escrito ríos de tinta sobre lo aquí sucedido, en muchos casos sin acudir a las fuentes primarias. En el año 2010 salió publicado un libro, La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda (Editorial Libros Libres) donde Francisco Pilo, Fernando de la Iglesia y el que suscribe intentamos -creo con éxito- cubrir esa laguna de los documentos periodísticos que hasta esa fecha no habían sido descubiertos y por lo tanto no habían podido ser puestos en contradicción con la documentación existente y la testifical aportada en los innumerables libros escritos sobre la “matanza de Badajoz”.
Para ello acudimos a hemerotecas de medio mundo y de nuestra constancia, por ejemplo, podrían dar fe las archiveras de las Bibliotecas Nacionales de Santo Domingo o México. En ese ensayo dejamos la puerta abierta a la posibilidad de que pudieran aparecer más reportajes y más artículos escritos sobre y en muchos casos desde Badajoz o la vecina localidad portuguesa de Elvas. El tiempo nos ha dado la razón y en este pequeño trabajo traigo en la talega un importantísima crónica que esclarecerá algunos aspectos poco conocidos sobre la situación gubernamental en la ciudad de Badajoz antes que fuera tomada por los rebeldes y la actuación pro-gubernamental de uno de los más “conocidos” periodistas que entró en Badajoz en aquel caluroso verano de 1936.
De los periodistas que entraron en Badajoz, son de sobra conocida las implicaciones políticas de alguno de ellos como, por ejemplo, Jay Allen que -aunque no estuvo en Badajoz- fue un enfervorizado defensor del Frente Popular, actuando incluso de enlace del Gobierno Republicano y dejó escrito uno de los panfletos más conocidos sobre las pretendidas matanzas de Badajoz. También tenemos el caso de Mario Neves, que llegó a ser embajador de Portugal en la URSS. Pero del que no se ha escrito prácticamente nada es de Jacques Berthet, que trabajaba para Le Temps en el verano de 1936.
Podemos hacernos la pregunta: ¿Periodista independiente o comprometido? La respuesta nos la da su propia biografía. En 1943 Jacques Berthet, estaba trabajando para el Centro de Información y Prensa en Méjico del Gobierno Provisional de la República Francesa. Allí contacta con Antonio Baranco (funcionario de la NKVD, de nacionalidad desconocida que estuvo mucho tiempo en España durante la Guerra Civil. Falleció de Tuberculosis en 1947), presidente del Socorro Democrático (a la sazón funcionario de los nefastos servicios secretos soviéticos N.K.V.D). Jacques Berthet había coincido con él en Valencia durante la Guerra Civil. El galo se implica en el S.O.D.E. (organización creada con la intención de ayudar a los refugiados españoles, exilados después de la Guerra Civil) y trabajará como secretario de Antonio Baranco. Es decir, con su pluma cual “fusil” de papel hizo causa por el Frente Popular.
El 27 de julio de 1936 entraron en Badajoz los dos primeros “journalistes” extranjeros. Éstos fueron el franco-belga Jean de Gandt, de la Agencia United Press y el francés Jacques Berthet, del periódico parisino Le Temps. Del primer artículo escrito por Jean de Gandt ya dimos debida cuenta en nuestro libro (ver página 32) sin embargo la sorpresa fue mayúscula al descubrir ese segundo reportaje escrito por Jacques Berthet. Jacques Berthet fue un periodista captado al inicio de la Guerra Civil por Willi Münzenberg -activista comunista y estalinista- y controlado por la Komintern. Sus campañas propagandísticas a favor del Frente Popular se incrementaron una vez que pudo pasar a la zona controlada por los gubernamentales y estuvo destinado en Valencia. De sus exageraciones y tergiversaciones de lo ocurrido en Badajoz dan fe sus artículos. Donde varios periodistas ven «80 cadáveres tendidos en la plaza de San Juan», él ve “300”. Donde varios periodistas expresan que los que cayeron en la lucha callejera y fusilados en Badajoz no sobrepasaron los 500 el ve “1.500”…
Hecha esta pequeña introducción volvamos al inicio de nuestra historia. Jacques Berthet entró en Badajoz cuando la ciudad aún estaba en poder de los gubernamentales. Los primeros artículos de Jacques Berthet, fueron enviados desde Elvas, sin embargo el último, fechado el día 10 de agosto, y publicado en Le Temps el día 11, fue enviado desde Badajoz. Según avanzaban las tropas rebeldes y se intensificaban los bombardeos aéreos, las comunicaciones telefónicas y telegráficas quedaron cortadas, lo que obligó a Jacques Berthet a transmitir desde Elvas (Portugal), no pudiendo regresar ya a la ciudad de Badajoz hasta el 15 de agosto de 1936. Él dejará escrito un artículo que sentará las bases para la construcción de la propaganda posterior sobre los sucesos de Badajoz y es en esta crónica en la que abundaremos.
Jacques Berthet era el enviado especial que el diario parisino Le Temps había desplazado a Lisboa y desde allí empezó a enviar informes sobre la situación que se vivía en el país vecino, así podemos ver algunos de estas primeras crónicas publicadas en su diario los días 1 y 2 de agosto de 1936. Sin embargo él necesitaba “oler” el frente y Lisboa era una atalaya lejana y sin perspectiva bélica. A finales de Julio y principios de agosto fue visto todos los días cuando iba con su automóvil a la frontera de Caya, cerca de Badajoz. Será el 27 de Julio cuando cruza por primera vez la frontera luso-española dirigiendo sus pasos hacia esta ciudad de frontera.
Sabemos que esa crónica fue escrita en Badajoz el 27 de julio de 1936 pues expresa en uno de sus párrafos «el Coronel Puigdendola(sic), que arribó anteayer procedente de Madrid por avión para hacerse cargo del mando general de las tropas leales del oeste». Cuando dice “anteayer” se refiere al día 25 de julio fecha en la que arriba a Badajoz el Coronel Puigdengolas además el artículo fue enviado con retraso desde la ciudad de Elvas a París por telégrafo el 2 de agosto de 1936.
En este primer trabajo desde Badajoz ya empieza a esconder datos y a tergiversar otros: «Contrariamente a ciertas informaciones extranjeras la calma es completa en la provincia de Badajoz, que no ha dejado de ser gubernamental desde el inicio de la revolución. A parte de algunos episodios sangrantes en dos o tres localidades alejadas y de numerosos arrestos de sospechosos». Esos dos o tres incidentes sangrantes son en realidad el asesinato de decenas de presos de derechas que habían sido secuestrados y detenidos por las milicias pacenses del Frente Popular, hasta el 8 de agosto eran ya más de 300 las victimas sumadas al haber de la contra-revolución y esas numerosas detenciones, son en realidad la de miles de republicanos, monárquicos y unos pocos falangistas extremeños.
Al referirse al asesinato de un falangista en Badajoz, hace mención a la muerte violenta de Feliciano Sánchez-Barriga cuñado del falangista de Badajoz Agustín Carande Uribe. Obviamente Berthet no da los detalles, nosotros sí, veámoslo: «Venía de la casa de su madre, pues había ido darse un baño, cerca de la Plaza de La Soledad. Al salir de las casa de sus padres se topo con unos milicianos, que al reconocerlo salieron detrás de él, intentó protegerse en el comercio de la Paloma en la Soledad, no consiguiéndolo subió hasta San Juan, lo echaron del comercio de Demetrio Pérez. Al llegar a la altura de la Sombrerería Rastrollo, lo cazaron con una escopeta de caza, hiriéndolo mortalmente. Fue recogido y auxiliado por Don Santiago Vázquez, que lo llevo al hospital provincial, por la gravedad de sus heridas murió al día siguiente [23 de julio]. El sombrero Rastrollo, se enorgullecía ante las masas, expresando que allí había sido derramada la sangre de un fascista» (De una entrevista con Agustín Carande Sánchez-Barriga, 1996).
Prosigue su crónica con una anotación muy importante pues en primer lugar nos informa de la presencia de milicianos muy bien armados, nada más y nada menos que con Máuser españoles. Esto contradice a ese sector de la historiografía extremeña empeñada en armar a los milicianos de Badajoz con guadañas, escopetas y trabucos del siglo XIX. Así mismo nos informa de la actividad para-policial e ilegal de esos milicianos “incontrolados” tolerados por el Comité Frente populista de Badajoz que realizaban rondas volantes en busca de derechistas locales y para el control para-militar la ciudad: «La vida continúa sin cambios. Solamente anotamos la presencia de numerosos milicianos comunistas con su monos azules de trabajo, con cartucheras y fusil Máuser en la mano haciendo rondas de policía por las calles».
Después nos expresa el temor al avance de dos columnas las tropas rebeldes una según el partiría de Córdoba y otra de Sevilla. A continuación nos proporciona la entrevista que tuvo a bien realizar con el Gobernador Civil Miguel Granados y el nuevo Gobernador Militar Ildefonso Puigdengolas Ponce de León que sustituyo en ese cometido al coronel Cantero, que lo ejercía de manera interina desde que el General Castelló Pantoja se fuera a Madrid al ser nombrado Ministro de la Guerra. Esta entrevista demuestra que Berthet estuvo siempre bien informado por parte de las más altas instituciones Frentepopulistas de Badajoz y que sus deslices y tergiversaciones no fueron inocentes ni accidentales sino interesadas y siempre a favor del bando frentepopulista. Además nos informa que la ciudad se esta cubriendo de sacos de arena para reforzar las defensas “naturales” de una ciudad amurallada como Badajoz. También nos proporciona un dato muy revelador y quizás sea esta la mayor aportación de esta crónica: «Dos aviones rebeldes de reconocimiento sobrevolaron Badajoz esta mañana durante bastante tiempo». Esta información demuestra que la actuación de la aviación rebelde sobre Badajoz hay que atrasarla al día 27 de julio de 1936 y no hasta la que se tenía como primera incursión aérea sobre Badajoz el 7 de agosto de 1936.
Después nos informa de la recuperación por parte de los gubernamentales de la población de San Vicente de Alcántara, así como de la toma de Santa Amalia que por error sitúa casi en los extrarradios de Badajoz cuando en realidad está a casi 90 kilómetros de la capital de la provincia. Aporta un dato que a buen seguro tuvo en cuenta el imaginativo periodista norteamericano Jay Allen, agente del Frente Popular, para relatar su ficticia visita a Badajoz. La cita no tiene desperdicio: «Muchos incendios se encendieron en Badajoz, las llamas y el humo se puede ver claramente desde la frontera portuguesa».
Para rematar expongo el texto completo del artículo escrito por Jacques Berthet. Así mismo he de expresar que el periodista galo prosiguió enviando telegramas a Paris desde Elvas los días 6 de agosto, 7 de agosto y 11 de agosto e informando de la situación de Badajoz sin mayor dificultad. Fue expulsado de Portugal, el 20 de agosto por haber dado la falsa noticia de que 59 españoles refugiados en Caya habían sido entregados por las autoridades portuguesas a las tropas del Teniente Coronel Yagüe para ser ejecutados. En realidad estos huidos se encontraban en territorio español y no estaban en Portugal en calidad de refugiados.
«En la provincia de Badajoz. Nuestro enviado especial que telegrafía desde Elvas el 2 de agosto a las 1 horas 45 minutos (Retraso en la transmisión). Contrariamente a ciertas informaciones extranjeras la calma es completa en la provincia de Badajoz, que no ha dejado de ser gubernamental desde el inicio de la revolución. A parte de algunos episodios sangrantes en dos o tres localidades alejadas y de numerosos arrestos de sospechosos, el principal incidente en Badajoz fue el asesinato de un falangista (afiliado a la falange española, partido fascista del señor (José) Antonio Primo de Rivera). La vida continúa sin cambios. Solamente anotamos la presencia de numerosos milicianos comunistas con sus monos azules de trabajo, con cartucheras y fusil Máuser en la mano haciendo rondas de policía por las calles. Sabemos que el cuartel General de Sevilla ha anunciado un ataque inminente sobre Badajoz con la intención de unir a los rebeldes del norte con los del sur, con dos columnas que provienen de Córdoba y Sevilla respectivamente. Al representante de “Le Temps” el Gobernador Civil de la provincia Señor Miguel Granadas (sic) y el Coronel Puigdendola (sic), que arribó anteayer procedente de Madrid por avión para hacerse cargo del mando general de las tropas leales del oeste, han declarado: “Las comunicaciones ferroviarias con Portugal están interrumpidas desde hace tres días, sin embargo hoy se han restablecido con Madrid. Estamos bien armados, tenemos suficientes tropas regulares, además de miles de milicianos, no solo para repeler cualquier ataque de los rebeldes incluso para inquietar a los insurgentes aún dueños de Cáceres”. Sin embargo, algunos trabajos de excavación, se han realizado para reforzar la defensa de la vieja ciudad amurallada de Badajoz. Dos aviones rebeldes de reconocimiento sobrevolaron Badajoz esta mañana durante bastante tiempo. La siguiente información ha sido transmitida a la agencia de radio, el pueblo de San Vicente (de Alcántara) cerca de Badajoz, ha sido recuperado por las tropas gubernamentales. La misma agencia reproduce, por el contrario, la noticia de que las fuerzas rebeldes fueron capaces ayer de tomar el pueblo de Santa Amalia, a las afueras de Badajoz, y que la ciudad está en vísperas de caer en manos de los insurgentes. Muchos incendios se encendieron en Badajoz, las llamas y el humo se puede ver claramente desde la frontera portuguesa». Le Temps, 4 de agosto de 1936, paginas 1 y 2.