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sábado, 12 de febrero de 2011

La «saga/fuga» del amuleto de Fernão Brandão VS escudo de España de Pérez Comendador: ¿No es mejor que no exista la Consejería [de propaganda y] Cultura de la Junta de Extremadura?


La Gaceta (de Intereconomía) se ha hecho eco del expolio. Pinche en la imagen para ampliar.

La actuación de la Junta de Extremadura en el caso del escudo de España diseñado por Pérez Comendador para el Palacio de Justicia de Cáceres simplemente ha sido la de ponerse de perfil. La Junta de Extremadura hoy por hoy no defiende el Patrimonio Histórico de Extremadura. Esta posición es la que por ejemplo, he defendido en un escrito que este pasado jueves he registrado en la Junta de Extremadura. La Consejería de Cultura en Extremadura es desde hace muchos años una maquinaria de engranaje destinada a la propaganda sectaria en pro del poder. Este vienes apareció una noticia muy curiosa en el diario Hoy, sobre la desaparición de uno de los materiales que compone lo que se conoce como Biblioteca de Barcarrota, que apareció en 1992 emparedada en una vivienda de esa localidad. La noticia, desvelada por el periodista Joaquín Rodríguez Lara, ponía de manifiesto que se le había perdido la pista a la conocida como la nómina de Fernão Brandão. Parece que cuando esto salta a la palestra la Junta dice que ya ha aparecido. En cinco horas, como cuenta el redactor, la Consejería anuncia que ya ha sido encontrada, pero sin desvelar los detalles.
Cuenta Álvaro Valverde en su blog, que una de sus últimas gestiones antes de ser cesado en 2008 como Director de la Editora Regional de Extremadura fue el de redactar un informe sobre la desaparición de la nómina de Fernão Brandão. Parece ser que ésta había sido solicitada para formar parte de una exposición en la propia Barcarrota. Y cuenta que «de inmediato, informé a los altos cargos de la Consejería de la solicitud. En consecuencia, se decidió buscar la nómina perdida no sin antes ordenarme que no contestara al mensaje». Así actúan en la Consejería [de propaganda y] Cultura. Igual que con el escudo de Pérez Comendador. Y que nadie de la Junta se atreva a defender la legalidad vigente, porque Álvaro Valverde lo tiene muy claro: «Nunca he dudado, y termino, de que el dichoso informe tuviera algo (o mucho) que ver con mi salida por la puerta de atrás de la Editora». Y termina de esta forma: «Eso sí, a las pocas horas, como por arte de magia, la Nómina ha aparecido. ¡Con la de horas que estuvimos buscando otros (algunos siguen siendo los mismos: el secretario general de la Consejería, el jefe de gabinete...) en los mismos sitios! Sospechoso, sin duda».
El boceto y el escudo. Pinche para ampliar
Ya estoy recibiendo los primeros escritos de los organismos oficiales y son curiosas las posturas. La Junta de Extremadura se pone de perfil y se inhibe ante el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Cultura se inhibe ante el Justicia, el Ministerio de Justicia manda los papeles al del Cultura… Aquí nadie parece responsable de nada, destruir una obra de arte, vulnerando la legislación vigente, Al final parece que ha sido el propio escudo el que ha decidido quitarse del medio contratando a los tíos del martillo eléctrico. Por cierto, no es posible encontrar ninguna información sobre la licitación de esta obra que aparentemente ha sido a dedo. La prensa informó que el presupuesto había aumentado la cantidad de 60.000 euros. Hay que irse a la Ley 30/2007, de 30 de octubre, de Contratos del Sector Público, y en su artículo 122.3 se indica que la cantidad de 50.000 euros es el límite para ser considerado un contrato «menor», y los «los contratos menores podrán adjudicarse directamente a cualquier empresario con capacidad de obrar y que cuente con la habilitación profesional necesaria para realizar la prestación». Si ha aumentado el presupuesto, porque el escudo se resiste, ¿se va a producir una nueva tramitación del expediente de contratación? ¿Van a seguir vulnerando la legislación vigente? El Ministerio de Justicia, ante mis denuncias, no saben nada, pero el caso es que su postura es mantener el expolio, según se indica en una crónica de Isabel Bravo en el Periódico Extremadura:
El escudo que se está retirando de la fachada posterior del Palacio de la Audiencia, actual sede del TSJEx, es posible que se quede en Cáceres. Así lo anunció ayer durante su estancia en la ciudad el secretario de Estado de Justicia, Juan Carlos Campo, que indicó que el Ministerio de Justicia "ha intercedido ante el de Cultura" para que esta obra, diseñada por el escultor Enrique Pérez Comendador, se conserve en algún museo de la ciudad.
"Se ha hecho esta petición ante la sensibilidad mostrada por la ciudad, y Cultura ya lo está estudiando", señaló Campo. Con ello se intenta dar respuesta a la demanda planteada, entre otros, por el ayuntamiento, en el sentido de que el blasón se quede en algún museo de Cáceres en lugar de ser trasladado a Salamanca como está previsto. La demanda que no parece que vaya a tener respuesta positiva es la planteada por otros colectivos e historiadores en el sentido de que el escudo se quede donde está, "pues existe un acuerdo firme sobre su retirada", argumentó el secretario de Estado. Hacía con ello referencia al acuerdo de la comisión del Ministerio de Cultura establecida por la Ley de Memoria Histórica para analizar todas las peticiones de retirada de elementos de la época franquista que se presenten, y que en este caso, tras dos reuniones --en junio del 2009 y mayo del 2010--, decidió por unanimidad su retirada y sustitución por otro constitucional.

El documento estaba, al parecer, en una caja de la Consejería de Cultura, que llevaba seis años buscándola
J. JOAQUÍN RODRÍGUEZ LARA BADAJOZ.
A la 1.05 de la madrugada del jueves al viernes salió de la rotativa el diario HOY con este titular de portada, a cinco columnas: «Desaparece la pieza que simboliza la biblioteca secreta de Barcarrota». A las 4.10 horas de la madrugada, el periódico ya estaba en Mérida y a las 6.30 comenzó a ser distribuido entre los lectores.
Unas cinco horas después, aproximadamente a las 13.30 horas, fuentes de la Junta le anunciaron a este diario que la nómina -el amuleto extendido en Roma en 1551 a nombre del portugués Fernão Brandão, una de las piezas más significativas e importantes de la llamada Biblioteca de Barcarrota, localidad en la que se halló emparedada en agosto de 1992- había aparecido, ayer por la mañana, en una caja de seguridad de la Consejería de Cultura, que dirige Manuela Holgado. A la pieza se le había perdido la pista en 1999.
El estupor que había originado la desaparición de la nómina de la Biblioteca de Barcarrota se multiplicó con 'la buena nueva' que corrió como la pólvora de boca en boca: el amuleto estaba dentro de un sobre en la propia Consejería de Cultura.
Aproximadamente una hora antes (a las 12.15), la Junta de Extremadura había emitido un comunicado respondiendo a la información de HOY. Afirmaba la Junta que lo que ella llama en su comunicado «deslocalización de la nómina» no se produjo en el año 1999, fecha en la que Fernando Tomás Pérez González, entonces director de la Editora Regional de Extremadura, la retiró de una caja fuerte de Caja Extremadura, en Mérida, haciendo constar con una anotación personal que retiraba la pieza. Según la Junta, la ausencia «se detecta a mediados de 2008», dato que se contradice con el hecho de que en la primavera del año 2005, cuando todavía vivía Fernando Tomás Pérez González, que falleció unos meses después, varias personas con atribuciones para abrir la caja fuerte fueron a buscar la nómina a la oficina emeritense de Caja Extremadura y sólo encontraran la anotación de que la había retirado el director de la Editora Regional en 1999.
Pero si el comunicado de la Junta es correcto, el Gobierno extremeño supo en todo momento, entre el año 1999 y «mediados del 2008», dónde estaba la pieza desaparecida y, por lo tanto, no se explica que, en marzo del año 2002, no la depositara en la Biblioteca de Extremadura, con los demás libros hallados en Barcarrota, ni tampoco se explica que la nómina no fuera expuesta, junto con el 'Lazarillo' y los otros diez textos, en la misma Biblioteca de Extremadura, que abrió al público el 23 de abril, día del libro, de ese año 2002; y mucho menos puede explicarse que, sabiendo la Junta dónde estaba la nómina, no lo dijese y permitiera que se iniciase una investigación para encontrarla al menos tres años antes de que, según el comunicado, emitido a las 12.15 horas, se detectase su ausencia.
Desde «mediados del 2008», según afirma la Junta en su mensaje, «se iniciaron múltiples gestiones para localizar el documento», escrito en un círculo de papel de 11 centímetros de diámetro, «realizando búsquedas exhaustivas en todas las dependencias en la que pudiera encontrarse». «En la actualidad se está cerrando ese proceso a través de un procedimiento de investigación interna, de conformidad con lo previsto en el artículo 28 del real decreto 33/1986», aseguraba la Junta hora y pico antes de que se conociese el feliz hallazgo de la nómina. Y concluye el mensaje del Gobierno regional: «Si al finalizar el proceso de investigación no hubiese sido localizado el documento, se procedería en su caso a la correspondiente denuncia y se abrirá el procedimiento judicial oportuno».
Tras el segundo, y no menos rocambolesco, hallazgo de la nómina que escondió -antes de marzo de 1557-, el médico judío Francisco de Peñaranda en una tapia de Barcarrota, según demuestra el historiador Fernando Serrano Mangas en su libro 'El secreto de los Peñaranda', es posible que ya no se recurra a los tribunales, pero, desde luego, todavía hay muchas cuestiones pendientes de aclarar.
Esas dudas no las despeja un segundo y escueto comunicado, emitido por el departamento de prensa de la Consejería de Cultura, recibido en la redacción de HOY a las 14.33 horas, que dice textualmente: «Como consecuencia de la investigación llevada a cabo por la Consejería de Cultura y Turismo, este departamento quiere informar que la nómina-amuleto de la Biblioteca de Barcarrota se encuentra perfectamente custodiado y localizado, y que el mismo nunca ha corrido peligro».
Nada más y nada menos. No dice dónde estaba, ni el porqué estaba allí, ni quién lo ha encontrado, ni tampoco en qué circunstancias reapareció. Tampoco se hace referencia a si termina aquí «la investigación» ni si se exigirá algún tipo de responsabilidad a alguien, puesto que la «ausencia» detectada «a mediados de 2008» indica que se produjo una deficiencia en la custodia de una pieza que en su día compró la Junta con dinero de todos los extremeños.
La sorprendente desaparición y el curioso hallazgo de la nómina se unen a las muchas vicisitudes que ha soportado la Biblioteca de Barcarrota. La existencia de este conjunto bibliográfico reunido por un extremeño, médico y judío, en el siglo XVI ya es, de por sí, asombrosa; que en ese legado haya un 'Lazarillo' perteneciente a una edición cuya existencia se desconocía fue y sigue siendo una 'bomba' cultural; que la Biblioteca de Barcarrota estuviese emparedada casi cinco siglos -desde 1557 hasta 1992-, la incardina en la órbita del misterio; que la encontrasen casualmente a golpe de picocha y se salvara es un verdadero milagro; que la comprase la Junta y no un anticuario que la revendería fuera de Extremadura fue providencial, y que se perdiera una de sus piezas y haya aparecido cinco horas después de que este diario lo contase es una de esas cosas que solo pasan en las novelas...
Pero no es la desaparición lo único que ha puesto en riesgo la integridad de la Biblioteca de Barcarrota. El albañil que la encontró, Antonio Pérez Ramos, que reclamó parte del dinero que pagó la Junta y lo consiguió, atravesó el libro conocido como 'El Alborayque' con un golpe de su picocha, pues lógicamente desconocía la existencia del tesoro bibliográfico. Los libros estuvieron guardados en una caja de zapatos hasta que el historiador Fernando Serrano Mangas y el alcalde de Barcarrota, Santiago Cuadrado, hicieron ver la importancia del legado y lo compró la Junta.
Antes de que los textos fuesen depositados en la Biblioteca de Extremadura, en Badajoz, durante la restauración y consolidación de las piezas, en Madrid, por decisión técnica se sustituyeron las guardas de las dos quiromancias y del exorcismo, que se encontraban en mal estado. Las guardas originales quedaron en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), en Badajoz, y fueron reclamadas posteriormente por la Biblioteca de Extremadura y en sus instalaciones están, junto a los libros restaurados y preservados del deterioro causado por el tiempo.