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viernes, 25 de febrero de 2011

Breve reseña histórica de Monesterio


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Decoración clásica del edificio consistorial (1906)

Una vía milenaria, la de La Plata, trasiego de civilizaciones a lo largo de más de dos milenios, ha sido fundamental para su devenir histórico por las diferentes épocas. Los variados restos que puntualmente aparecen por su jurisdicción prueba la antigüedad de su poblamiento humano, unos cuantos siglos antes de la llegada de Roma a la Península.
 
Columna de mármol aparecida en la pared de una casa

Pero Monesterio entra en la Historia –en mayúscula- cuando ya empieza a aparecer en las fuentes escritas latinas. El contacto romano con las antiguas comunidades célticas de la zona -pues el Suroeste de la actual provincia fue identificada por Plinio como la Beturia Céltica- haría consolidar y cohesionar a esos pueblos en la cultura romana.
Inscripción romana de Cúriga
Pero el nombre de la villa en aquella época no es el actual, sino Cúriga. Una inscripción que antiguamente formó parte de la Ermita de Gracia –hoy recuperada en el Centro de Interpretación de la Vía de la Plata- atestigua su denominación. También concuerda con el Itinerario de Antonino, y algunos expertos se han sorprendido de que la distancia entre Contributa –Medina de la Torres- y Cúriga en el mencionado Itinerario coincida de forma exacta con la distancia entre los actuales núcleos.

Sillar aparecido en una pared

Junto a las pruebas literaria y epigráfica, están las arqueológicas, las que se materializan en la propia fachada de la parroquia , donde se admiran columnas, cornisas y sillares... O por los hallazgos esporádicos en el casco urbano. Dos de sus cruces -la del Barrio y la del Puerto- reutilizan también restos pétreos de tradición romana.

Restos romanos en la iglesia de Monesterio
La tipología urbana del municipio nos lo dice el propio Plinio, en su Historia Natural, obra escrita en el siglo I, y culminada antes que el sabio romano sucumbiera por su curiosidad en el Vesubio. Este autor habla de los Oppida de la Beturia , caracterizados por una muralla defensiva. Y por ello, el emplazamiento del actual municipio no es más que la repetición de una ocupación estratégica del territorio, destacando la magnífica visibilidad hacia el Sur.
Cruz del Puerto
Otra inscripción latina, hoy desaparecida, menciona la existencia de dos pagos, o sea, dos poblados dependientes de Cúriga, conocidos como Translucano y el Suburbano; prestigiosos investigadores identifican la primera denominación con la mansio Lacunis mencionada en el Anónimo de Rávena, con el topónimo arabizado Laqant; y que se mantiene su continuación en la segunda partícula del nombre del vecino pueblo Fuente de Cantos (Translucano – Lacunis – Laqant – Cantos). Hay que tener en cuenta que entre ellos existe un intervalo de tiempo importante, suficiente para producirse la deformación del topónimo.
Bóveda de crucería de la Parroquia (siglo XV)
La crisis de la tardorromanidad se ligó con la etapa visigoda, de indudable decadencia del mundo urbano, con el abandono de este tipo de vida -por la presión fiscal, desabastecimiento, epidemias-. Durante la penetración musulmana, el recuerdo de Cúriga se había perdido irremediablemente. La crónica islámica que relata el “paseo triunfal” de Muza hasta Mérida obvia referirse a Cúriga, ni a sus ruinas. En cambio, si menciona a la población de Laqant, identificada actualmente con Fuente de Cantos. Evidentemente, sólo aluden a los enclaves que están poblados; y que por eliminación, ello quiere decir que Cúriga estaba infrapoblada, o despoblada totalmente.
Cruz de la Candelaria
No será hasta el cerco y toma del Castillo de Montemolín, hacia 1247, cuando aparezca de nuevo la comarca de en documentos y crónicas. Fernando III El Santo, deseando alejar de las grandes ciudades a las poderosas órdenes militares, permutó las tierras de Cantillana, cercana a Sevilla, por las de Montemolín, en mayo de 1248. A partir de esta fecha, la Orden de Santiago permanecerá jurisdiccionalmente, aunque muy transformada, hasta 1875. En el amplio alfoz de Montemolín, que lindaba con las tierras del Temple –Jerez de los Caballeros- y se extienda hasta la actual Zafra, se repoblaron distintos lugares, dando origen a las actuales localidades vecinas. Sus tierras se destinarán a la ganadería más que a la agricultura, significando ello que la presencia humana fuera débil. Ya en el siglo XIV Monesterio es Encomienda de la Orden de Santiago, queriendo decir que ya poseía urbanización y población; el primer comendador de Monesterio cuyo nombre es conocido, es el de Alvar García de Villaquirán.

La calle del Sol, una de las más antiguas del pueblo
En los siglos XIV al XVI aparece como destacada Encomienda de la Orden de Santiago. Hacia 1573, la Corona la desmembró de la Orden, siendo vendida junto con otros municipios a la ciudad de Sevilla. A principio del XVII se volvió a enajenar, pasando jurisdiccionalmente a un banquero con antecedentes italianos, Octavio Centurión, destacado banquero de Felipe III y Felipe IV. Este le convierte en Marqués de Monesterio a finales de 1632, aunque existe el título y la familia en la actualidad, desde la supresión de los señoríos en el siglo XIX, se fue desvinculando paulatinamente hasta que vendieron su última propiedad a principios del XX: La Casa del Bastimento, hoy desaparecida,
Vista aérea de Monesterio (2008)
A partir del siglo XIX es cuando empieza a crecer su núcleo urbano, y cuando aparece la travesía de la carretera, con sus primeras posadas, herederas de la antigua calzada que cruzaba el pueblo y que atravesaba por la calle Sevilla. Sin embargo es el siglo XX cuando cambia por completo su fisonomía, y dando la impresión de ser un pueblo nuevo. No obstante, y a pesar de ello, en pleno siglo XXI, existen recónditos lugares que muestran su arquitectura tradicional.
Restos de la Ermita de S. Ildefonso
Recursos Monumentales. Al hablar de cultura en un ente rural extremeño, hay que hablar de las manifestaciones de su religiosidad, que en parte nos ha legado algunos restos, sobre todo de carácter monumental. Cuatro ermitas y un hospital para transeúntes contó Monesterio desde, por lo menos, el siglo XV, de los que quedan pocos restos. En este último caso está la ermita de los santos Mártires y San Ildefonso, que terminó como coso municipal en el siglo XIX, y que hoy forma parte de un corral particular, la de san Nicolás y santa Lucía, en el valle de Los Cotos, y cercana al Camping Tentudía, en cuyo recinto existen restos romanos.

Cementerio (antigua ermita de la Candelaria)
Totalmente desaparecido está el eremitorio de La Candelaria, santa Brígida y san Blas, el cual estaba en la zona más alta del pueblo, en el actual cementerio. Y por último en el mismo caso está la de la Virgen de Gracia, y que formaba parte del antiguo Hospital de pobres transeúntes se santa María; el último destino que se le dio, desde 1829 hasta 1970, fue escuela de primeras letras; ello ocurrió así excepto en el periodo de la Guerra Civil, época en que fue destinada como capilla parroquial mientras se reconstruía la Iglesia. Todas estas ermitas tuvieron sus imágenes y sus retablos, hoy desaparecidos; las imágenes fueron trasladadas en los siglos XVIII y XIX a la Parroquia, y fueron totalmente destruidas –algunas eran del siglo XV y XVI- en 1936. De entre los retablos, destacó el realizado por el pintor de Llerena Estacio de Bruselas para el Hospital de la Virgen de Gracia hacia 1548, y que desapareció a principios del siglo XIX.
Iglesia de S. Pedro Apóstol
Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol. Del siglo XV se conocen las primeras noticias escritas sobre la misma, consagrada al Apóstol san Pedro. Primitivamente se construyó siguiendo el modelo de planta basilical dividida en tres naves, éstas se materializaban mediante una serie de arcos.

Restos de encalado en el exterior del ábside
 La prolongación de la nave central dio lugar al presbiterio o altar mayor. En aquel entonces, el altar mayor y la antigua sacristía, eran las únicas abovedadas, mientras que el cuerpo de la iglesia era de simple techumbre de madera. Así, el altar mayor destaca por la majestuosa bóveda de crucería de tradición gótica; en cambio, modelo más sencillo se ensaya en la sacristía vieja. En la construcción se utilizaron todo tipo de materiales, destacando algunos restos romanos como columnas, sillares almohadillados y lisos, cornisas que se reaprovecharon.

Reloj municipal en la Parroquia
 En el siglo XVI se rematan algunas de sus partes, instalándose en una torrecilla el reloj de la villa, de titularidad concejil, y que tuvo entrada propia por la plaza, A mediados del mismo siglo –siglo XVI- se instaló un retablo en el altar mayor consagrado a San Pedro compuesto por doce lienzos, y una imagen del titular de bulto y dorada. Este retablo fue sustituido, a mediados del XIX, por otro procedente de un convento desamortizado de Llerena. Éste último era un retablo manierista ejecutado en 1639 por el maestro ensamblador de Sevilla, Jerónimo Velázquez, colaborador en algunos trabajos de Zurbarán, y que algunos investigadores afirman que es hermano de Pedro Díaz de Villanueva, primer maestro del genial pintor. Por aquella época, hacia 1578, pasa por la parroquia, y es padrino de un bautizado, el afamado capellán de Felipe II, natural de Fregenal, Benito Arias Montano, que paree ser estaba emparentado con unos vecinos de Monesterio.

Capilla del Rosario (hoy Sagrario)
 En el siglo XVII, parte de la parroquia es remodelada, desapareciendo el gusto basilical y la techumbre, sustituida ésta por una gran bóveda de cañón con lunetos en los laterales. De principios del siglo XVIII es la capilla del Rosario, con la gran cúpula sustentada por pechinas, y que sirvió como lugar de enterramiento para sus fundadores. Esa capilla acogía una interesante representación de la Sagrada Familia, con figuras en tamaño natural con las manos y las cabezas fabricadas en plomo.

Cristo de Medinaceli (Monesterio)
 Tras la destrucción de la parroquia en 1936, la devoción popular devolvió interesantes representaciones que son las que hoy forman los pasos de Semana Santa, que tanta importancia han adquirido en los últimos años. En la década de 1940, en el proceso de rehabilitación de la misma, el pintor Eduardo Acosta Palop decoró las pechinas y la cúpula del Sagrario –los cuatro evangelistas sostienen las escenas del Triunfo de la Eucaristía-; además por encargo de Felipe Sayago Mejías, realizó los azulejos que se pueden admirar en la capilla del Crucificado. 
Cruz Procesional (1595)

También participó en la decoración de algunas capillas el pintor, también hijo del pueblo, Antonio Pérez-Carrasco Megía. Por mediación del pintor Acosta, el prestigioso escultor imaginero sevillano Echegoyán realizó algunas de las imágenes -incluida la imagen de san Isidro-, siguiendo el encargo de varios donantes vecinos. En la platería de la Iglesia se conserva la Cruz Procesional, ejecutado por el maestro de la Escuela Sevillana Francisco de Alfaro, en 1597.


Ermita de Tentudía

Ermita de Nuestra Señora de Tentudía. También del siglo XX es la ermita de la Virgen de Tentudía, aunque su estado actual es producto de una importante restauración del antiguo emplazamiento que finalizó en 1999. En principio, fue acondicionado como templo a finales de la década de 1960, sin embargo se remodeló parcialmente en 1992. En su origen fue un almacén de la fábrica electro harinera La Cruz del Pilar, de la compañía Sayago y Márquez, construida en 1906. La devoción a la Virgen de Tentudía, que ya era tradicional en Monesterio (existía una capilla dedicada en la Parroquia que fue destruida en 1936), sustituyó a devociones antiguas como la de la Virgen de la Candelaria y la Virgen de Gracia.

Será a principios de los sesenta cuando se materializa la devoción con la adquisición de una imagen, similar a la que existía en el Santuario de Tentudía. El edificio actual, abovedado, es una mezcla de estilos; en el interior una balaustrada de mampostería recorre los laterales del templo. El presbiterio, absidiado, cuenta con una cúpula semiesférica; su camarín acoge la imagen; además de una recreación pictórica de la aparición a las huestes cristianas de la Virgen María en le Monte de Tudía, ejecutado por el pintor local Pérez-Carrasco Megía, en 1992.
Castillo de las Torres. Fechado en los siglos XIII y XIV, se encuentra situado cercano a la población sevillana del Real de la Jara, en el extremo sureste del término municipal. Se ubica estratégicamente cercano a la Vía de la Plata y al Cordel de Sevilla-Almadén, junto al castillo estaba situado un descansadero para los rebaños trashumantes. Este castillo, de origen cristiano, se encuentra muy deteriorado, encontrando en sus torreones abundantes nidos de cigüeña. Su utilidad, además de la defensa en tiempos de reconquista de esta zona fronteriza, se supone fue para hospedaje de viajeros y trashumantes que pasaban por esta vía.

Pilar de la Reverencia
Fuentes y pilares. Hasta la instalación de la red de agua potable domiciliaria, la vida del pueblo giraba en torno a los tradicionales pilares. Los tiempos modernos terminaron con el acarreo constante de las muchachas de cántaros de agua fresca de los pilares. Aunque es de fábrica contemporánea, diseñado en 1911 -desmantelado en los 70, y reconstruido a principios de los 80- el Pilar de la Reverencia, enclavado en plena carretera, ha sido cerca de un siglo testigo de curiosos viajeros.

Pilar del Llano
 Sin duda el abrevadero más antiguo es el conocido como Pilar Viejo, destinado a facilitar agua al ganado trashumante y de la localidad. Importante para Monesterio ha sido el Pilar del Llano, de piedra granítica y modificado algunos de sus elementos con mala fortuna hace unos años; fue escenario de bastantes ediciones del famoso rodeo de la feria ganadera de Monesterio, que se celebraba a finales de septiembre.

El Llano, según un lienzo de Pérez-Carrasco
 En los años veinte con su agua se regaba las especies arbóreas del entonces Parque de Ramón y Cajal, y se embelleció su entorno con un magnífico Grupo Escolar, financiado casi integramente por el municipio. En el entorno del pueblo existían antiguamente fuentecillas, hoy sepultadas o desaparecidas, caso de la Fuente de San Ildefonso, en la calle del mismo nombre. También desapareció el conocido Pilarino, en la plazoleta de la calle Eduardo Naranjo. En los arroyos del Cañuelo o de la Pimienta Negra, antaño estaba plagado de lavanderas, que con tanto esfuerzo enjabonaban y aclaraban todo tipo de ropas.


Cruz del Barrio
 Típicas Cruces. Las cruces es la materialización de la devoción popular a la Santa Cruz, y son cinco en total. La del Barrio o la del Puerto aprovechan los restos paganos de la romanidad. La cruz del cercado del Cementerio, con una ligera inclinación, parte de una base octogonal como la del Puerto, ambas totalmente encaladas esconden los ladrillos con las que están construidas; aunque en ésta última, la cruz está clavada en una columna romana.

Cruz del Llano
 Otra cruz, la Gorda o de la Trocha, es un emplazamiento remozado. Finalmente la cruz del Llano posee características totalmente modernas. Todas Guardan los puntos cardinales de forma exacta. Dólmen de la Cabra Enterramiento megalítico de tipo corredor de más de 5.000 años de antigüedad situado a escasos metros de la Vereda de la Plata, se localiza en la finca que le da nombre. El túmulo donde se encuentra tiene 22 metros de diámetro. Cerca de éste en La Cabra Baja se localiza otro enterramiento megalítico. Además, mencionar la existencia una tumba visigoda cavada en la propia roca madre, se localiza en la finca Hoya Montuosa

Partida matrimonial de los padres de Zurbarán (1588)
 Tierra de Pintores. Monesterio también destaca en una faceta muy especial. El primer nombre de pintor conocido vinculado con la villa era un tal García Pérez, nacido a principios del siglo XVI. Sin embargo, Zurbarán -nacido en 1598 en la vecina Fuente de Cantos- se une con Monesterio en ciertos aspectos. Su madre, Isabel Márquez era natural de Monesterio (1568), fruto de la unión matrimonial en 1566 entre Andrés Guerra –un arriero oriundo de Cabeza la Vaca- y Catalina Gómez.

Zurbarán
 Otro aspecto a tener en cuenta es que Zurbarán, en los inicios de su carrera sevillana a finales de la década de 1620, llamó a un vecino del pueblo con actitudes artísticas, llamado Diego Muñoz Naranjo, que acompañó al maestro a la Corte Madrileña, donde participó en la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro en 1634; actualmente el Museo del Prado custodia esos lienzos.


Lápida de la hermana de Eduardo Acosta
  Hasta principios del XX no hemos registrado más artistas. Pues las noticias se han desvanecido en el tiempo. Pero a finales de los años 20, un joven pintor se hacía conocer en la Exposición Ibero-Americana de Sevilla de 1929: Eduardo Acosta (1905-1990). Fue pensionado por el Ayuntamiento y la Diputación.


Copia de El Greco
  Su primera obra, un cuadro de grandes dimensiones la donó a la Parroquia, y era una copia del lienzo de El Greco conocido como Jesucristo en los brazos del Eterno Padre, destruida con otra obra suya (La Virgen de Tentudía) en el asalto de la Parroquia en 1936. Cuatro años antes (en 1932) el Ayuntamiento permitió la destrucción de otra obra suya, ejecutada voluntariamente por él en 1928, y que era la decoración del Salón de Sesiones. Miembro de la Academia de Santa Isabel de Hungría, se dedicó a la docencia. Es maestro de maestro, acogió a numerosos alumnos, y fue preceptor de Eduardo Naranjo.


Eduardo Naranjo
  Como máximo exponente de la cultura monesteriense, destaca Eduardo Naranjo (1944). Conoce a su maestro Eduardo Acosta en 1957 e ingresa en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, donde estudia hasta 1960. Un año más tarde se traslada a estudiar a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, donde culminará sus estudios. En todos estos años son muchos los premios que ha recibido en reconocimiento de su obra. Es distinguido en 1991 como “Extremeño de hoy” y con la Medalla de Oro de Extremadura, y en 1995 es condecorado con la Cruz al Mérito Militar por su contribución a las Artes y al Ejército.
Elogiado permanente por la crítica, es considerado como uno de los autores de mejor prestigio y más cotizados del panorama actual del arte español. Su obra es inquietante, su dibujo perfecto, trascendente e ilusorio. De ésta dimana siempre una luz especial y un colorido austero. El suyo es un realismo metafórico, fantástico e imaginativo que a raíz de los 80 se abre internamente más a la vida, a la vez que evoluciona sabiamente hacia lo esencial y poético.
Casa Municipal de la Cultura. Inaugurada en 1999, esta magnífica Casa es el referente cultural de la Villa. Sede de la Universidad Popular y Escuela Municipal de Música; de la Biblioteca Municipal Cervantes (inaugurada en julio de 1960 por Adolfo Díaz-Ambrona, que más tarde fue Ministro de Agricultura); del Nuevo Centro del Conocimiento y del Museo Etnográfico. Tiene numerosas aulas donde a lo largo del año se desarrollan todo tipo de actividades, y sus salas acogen las exposiciones esporádicas que se organizan. Antes de su destino actual, fue casa particular, después Colegio Libre Adoptado y más tarde -hasta 1996- Instituto de Bachillerato. Centro de Interpretación General de la Vía de la Plata. En el centro del pueblo, en la Plaza de la Iglesia se sitúa para el curioso establecimiento destinado destinado a facilitar una información sobre una vía milenaria como la de La Plata. Entre paneles informativos, el viajero va a ser saciado de todas sus dudas. Atípico en un Centro de Interpretación, el visitante va a contemplar el monumento epigráfico romano más destacado de Monesterio. Está enclavado en un edificio de los años veinte, su espacio ocupaba antaño, por un lado, la Oficina de Telégrafos, y por otro lado –según la época- el Ayuntamiento, el Juzgado Comarcal, una Escuela, el Puesto de Socorro de la Cruz Roja, y últimamente una industria de confección textil.
Centro de Interpretación de la Naturaleza de Tentudía. Donde antes se acumulaba el producto de los agricultores monesterienses, el cereal, en el silo (construido en la década de 1960 por el Servicio Nacional de Trigo); ahora podemos contemplar un variado número de paneles informativos que nos muestra los potenciales naturales de esta comarca.
Procedencia de la imagen: Ruta Monesterio-El Real
Monesterio en el Camino Mozárabe de Santiago "Vía de la Plata". Los peregrinos después de ascender el Puerto de las Marismas tienen una vista parcial de la localidad. Siguiendo la antigua carretera que ha sido convertida en merendero, se deja a la derecha la Cruz del Puerto para llegar a Monesterio, donde se ofrece al caminante un acogedor albergue en el edificio de la Cruz Roja. El camino prosigue pasando el campo de fútbol, tomando un camino a la izquierda, siguiendo la Vereda de la Plata que conduce a Fuente de Cantos, antes pasaremos junto al Dolmen de la Cabra.