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jueves, 14 de octubre de 2010

La Comunidad de Labradores de Montijo

Asistentes a la conferencia
Ayer, 13 de octubre de 2010, y por segunda vez, he participado en las Jornadas de Historia de Montijo en su novena edición. Llevé el asunto de la Comunidad de Labradores de Montijo, organismo importantísimo de esa localidad en la primera mitad del siglo XX, y reflejo de ello fue la masiva afluencia en la sala de conferencia «Centinela». También fue interesante el debate posterior, especialmente reivindicativo sobre el poco claro destino de los bienes de la Comunidad de Labradores por la Junta de Extremadura, o el traslado a Mérida del lienzo de Adelardo Corvasí para ornato del despacho del entonces Consejero de Agricultura de la Junta de Extremadura, Eugenio Álvarez Gómez. En un principio mi estudio sólo abarcaría una investigación de los primeros 20 años de actividad social, sin embargo, finalmente se incluirá un repaso total a la Historia de la Comunidad de Labradores hasta su disolución en 1944. Quiero agradecer asimismo a todos los asistentes su atención, y especialmente la invitación para participar de nuevo en estas Jornadas de Historia de Montijo por parte de su coordinador, D. Manuel García Cienfuegos. A continuación presento el resumen de la ponencia ayer expuesta.


La Comunidad de Labradores de Montijo: Orígenes, constitución y vida social agraria hasta 1920

I. Introducción: Marco legal de las comunidades de labradores.
A finales de siglo XIX se dictó una norma legal de gran importancia en el ámbito agrario en tanto en cuanto disponía la creación de una entidad que reuniera a todos los propietarios rústicos, y asimismo se le otorgaba a aquélla personalidad jurídica y capacidad de obrar para la consecución de su objeto social. Este amparo legal desarrolló notablemente el asociacionismo patronal en muchas regiones españolas. De esta forma, la Ley de 8 de julio de 1898, de Comunidad de Labradores, autorizaba según el artículo primero la constitución de sociedades «representadas por sindicatos de policía rural en todas las capitales de provincia y pueblos mayores de 6.000 habitantes». Aparte de este requisito, debía ser solicitada su constitución por la mayoría de los propietarios que representaran la mitad del terreno cultivado en el término municipal. Existía una excepción que permitía la creación de estas entidades en poblaciones de menos de 6.000 habitantes, y era que existiera en el término más de 5.000 hectáreas de cultivo. El objeto de las comunidades de labradores -definido en su artículo segundo- describía la utilidad de estas sociedades:
      «Primero. Velar para que se respeten las propiedades rústicas y los frutos de los campos.
      «Segundo. Procurar la apertura y conservación de los caminos rurales.
      «Tercero. Vigilar para que se conserven limpios los desagües de las aguas corrientes y estancadas que no estén encomendados a los sindicatos de riegos no regidos por la Ley especial de aguas.
      «Cuarto. Todo cuanto en general tenga relación con el buen orden y vigilancia de los servicios de policía rural establecidos o que en lo sucesivo se establezcan y no estén a cargo de comunidades de regantes».
Este cuádruple objeto no era una simple declaración de intenciones, sino que se materializaba la realización de estos fines, según el artículo 3º, mediante el establecimiento de los servicios de vigilancia y guardería rural para evitar los daños en el campo, la reparación de caminos y limpieza de desagües y alcantarillas, y la organización de los servicios que se estimaran convenientes. La constitución de una Comunidad de Labradores obligaba a todos los propietarios a someterse a ella obligatoriamente, sin embargo podían excusarse de pertenecer aquéllos que no utilizaran los servicios o tuviesen guardas jurados propios en sus fincas. No obstante, quedaban obligados a satisfacer los servicios utilizados y cuidar los caminos. Sin duda alguna, suponía un traspaso de competencias públicas a una corporación de composición y organización privada según se ordenaba en el artículo 12: «Establecida una comunidad en un término municipal, dejará el Ayuntamiento respectivo de conocer de cuantas atribuciones se confieran a aquéllas».
II. Proceso de constitución de la Comunidad de Labradores de Montijo.

Al comenzar el siglo XX, Montijo era una localidad importante demográficamente hablando. Tenía 7.644 habitantes. Esta cifra hacía acreedor a Montijo de la posibilidad de constituir de una comunidad de labradores. Su término municipal tenía y tiene, 119 kilómetros cuadrados. Así, el 14 de mayo de 1902 se reunieron en la casa consistorial una gran cantidad de propietarios, colonos y cultivadores de Montijo representativos de la mayoría de la titularidad de terreno de cultivo del término municipal. En esta reunión se acordó nombrar a una comisión -compuesta por los vecinos Luis Mendoza Villanueva, Laureano Núñez de la Riva, Juan Piñero Rodríguez, Miguel Durán Calvo, Argimiro Rodríguez Piñero y Pedro Capote Pinilla- que tendría la misión de redactar el proyecto de ordenanza.
La Comunidad de Labradores de Montijo fue la segunda entidad de estas características fundadas en la provincia de Badajoz. La primera se constituyó en junio de 1899 en Almendralejo, y en los dos años siguientes a la creación de la de Montijo se organizaron la de Badajoz y la de Mérida. Tal como se disponía en la propia Ley de 8 de julio de 1898, el Ayuntamiento -presidido por Francisco de los Ríos Martín- informó favorablemente «en atención a reunir los requisitos necesarios para el buen orden y vigilancia de los servicios de policía rural» en el pleno del 3 de agosto de 1902. Además De los Ríos era el primer firmante del acta de constitución de la junta promotora. También firmaban el acta los ediles Agustín del Viejo, Rodrigo Capote y Juan Bautista Guzmán.
El 15 de junio de 1902 se celebró una nueva reunión presidida por la comisión gestora. No asistió el vocal Luis de Mendoza por estar ausente de la localidad. El objeto de la misma era el de dar conocimiento de la venta de los aprovechamientos de espigas y granos, dar lectura al Reglamento o estatutos elaborados para constituir la Comunidad de Labradores, y nombramiento de la directiva: Alonso Gragera García, presidente; Miguel Durán Calvo, vicepresidente; Remigio Fernández y Fernández, secretario; Casimiro Codes Rodríguez, tesorero; Pedro Capote Pinilla, vicetesorero; Aniceto Jerez Molina, primer vocal (y concejal); Lesmes Rodríguez Carretero, segundo vocal; Diego Bautista Guzmán (primer suplente vocal); y Rodrigo Capote Gutiérrez, segundo suplente de vocal (y concejal).
El día 28 de septiembre de 1902 se volvió a reunir el Sindicato que regía la Comunidad de Labradores de Montijo con el objeto de nombrar a los miembros del jurado. La reunión tuvo lugar en el salón de actos del Ayuntamiento a las diez de la mañana. La composición se estableció así: Sebastián de los Ríos Martín (presidente y hermano del Alcalde, Francisco de los Ríos), Agustín del Viejo Menayo (vicepresidente y concejal), Pedro Pinilla Rodríguez, Juan Mateo Gutiérrez, Juan Gutiérrez Molina, Francisco Rodríguez Molina, Juan Molano Romero, Alonso Rodríguez García, Alonso Gutiérrez Lavado (vocales). Además se nombró el primer turno de peritos tasadores: Diego Gragera Gallardo, Benito Duque Coti, Manuel García Polo y Manuel Roda Cavero.
III. Las ordenanzas de la Comunidad de Labradores de Montijo.
Uno de los elementos adicionados al acta de constitución, fundamentales por otra parte, es el Estatuto u ordenanza, la «pequeña ley» de la entidad. No fueron inmutables, sino que fueron reformados en varias ocasiones. La primera modificación se produjo cuatro años después de su organización -el 12 de agosto de 1906- tras la promulgación del Reglamento de 23 de febrero de 1906 de ejecución de la Ley de Comunidades de Labradores, y el cual sustituyó al de 1902. La segunda modificación se aprobó en la junta general del 27 de agosto de 1916.
El Art. 2º de las ordenanzas estableció su composición y obligaciones generales de los asociados: «La Comunidad de Labradores de Montijo la forman los propietarios, arrendatarios y cultivadores de su término municipal y a su jurisdicción quedan sometidos en derecho a disfrutar de sus beneficios y obligados a levantar las cargas para el cumplimiento de los servicios». De esta forma, «los acuerdos de la Comunidad y su representación en cuanto armonía con estas ordenanzas, tienen fuerza obligatoria y son ejecutivos». Y el presidente, según el artículo 39, era «la personificación de la Comunidad y del Sindicato y en tal concepto representa en todos los asuntos judiciales, administrativos».
En el plano institucional, la representación de la Comunidad de Labradores la asumía un «sindicato de policía rural constituido por seis propietarios o labradores mayores de veintiún años, vecinos o domiciliados con casa abierta en Montijo, que sepan leer y escribir, no estén procesados por delitos comunes sobre los cuales haya recaído sentencia y ésta sea firme, no sean comerciantes con sus pagos suspendidos o quebrados no rehabilitados, ni acreedores ni deudores o contratistas de la Comunidad». La división de funciones se encomendaría a un presidente, vicepresidente, tesorero, y tres vocales -primero, segundo y tercero- con los respectivos suplentes de estos últimos, un secretario y un ordenanza. Toda esta institución descansaba sobre los principios de obligatoriedad y gratuidad, y sólo podría excusarse por las causas legalmente establecidas para los concejales. Estos principios no estaban sometidos para los cargos de secretario y de ordenanza. Éstos eran además voluntarios y retribuidos. Dada la importancia de la calidad de los asociados, según el artículo 6º, si «en algunos de los individuos que forman el sindicato dejaren de concurrir una más de las circunstancias que se requieren para ser designado cesará ipso facto en el cargo».
El otro pilar institucional de la Comunidad de Labradores, independiente del Sindicato, era el jurado. Estaba constituido por un Presidente, dos vocales, y un secretario y un ordenanza (que serían estos dos últimos los mismos del Sindicato). Además, existía un vicepresidente que sólo ejercería cuando estuviera ausente, enfermo, o recayera alguna causa de incompatibilidad en el presidente. Para formar parte del jurado de la Comunidad de Labradores se requería poseer las mismas condiciones que para ser miembro del Sindicato. El jurado funcionaba mediante turnos trimestrales y el jurado que ejerza en cada turno será designado por el Presidente del Sindicato. Tanto los miembros del sindicato como del jurado se elegían por periodos de dos años (artículo 12). Las competencias del jurado eran dos según el precepto 113:
     «Primero: Conocer de las cuestiones de hecho que se susciten entre los interesados con ocasión de los servicios que el Sindicato realice.
     «Segundo: Imponer a los infractores las multas a que hubieren dado lugar por infracción de estas ordenanzas o las responsabilidades por un hecho de su mención».
Cuando el jurado recibía una denuncia, su presidente señalaba el día, sitio y hora para reunión de aquél con los infractores y perjudicados. Si el hecho origen de la denuncia precisaba la práctica de la prueba pericial debían ser citados asimismo los peritos de la Comunidad de Labradores. Además, en los juicios cuyas infracciones haga referencia a intrusiones cometidas por el ganado formaría parte del jurado un ganadero representante de este sector. Los fallos del jurado, según el artículo 116 «son ejecutivos sin perjuicio de que se lleven a efectos aquéllos, podrán anteponerse contra los mismos recursos para ante el Juez de Primera Instancia del Partido dentro del plazo de cinco días hábiles». El jurado podía modular una sanción de 1 a 25 pesetas más las costas según se disponía en un extenso catálogo de cerca de 50 infracciones tipificadas.
El tercer pilar institucional era la junta general de la Comunidad que era la reunión de todos los socios, la cual designaba al sindicato y al jurado y también le era competente «los asuntos de capital importancia cuya determinación será declarada». Durante la gestión de cada sindicato y jurados se reunirían de forma ordinaria en dos ocasiones siempre en el mes de septiembre «para rendir las cuentas y poner en conocimiento de la referida Comunidad lo practicado por el sindicato», y en la del segundo año, además, terminación del el mandato de esos órganos para su elección. En las deliberaciones de la junta tenían derecho a participar todos los propietarios siempre que fueran mayores de edad o que tuvieran la representación de aquéllos. En las propias ordenanzas se establecía un control para determinar los miembros de la Comunidad de Labradores. Así, se llevaría un libro de registro de asociados en el que constaría si era en calidad de propietario o colono con expresión del número de fanegas de tierra de su propiedad o cultivo. De esta manera, cada mes de febrero de cada año se procedería a rectificar las alteraciones catrastrales.
Además, nombraba a un número de peritos «para la apreciación de los daños y perjuicio que los asociados a la Comunidad sufran en sus propiedades e intereses por infracción de estas ordenanzas o con ocasión de sus servicios». De esta forma, se nombraban dos peritos rurales y dos suplentes. Los requisitos para su elección eran ser «labradores mayores de edad, que sepan leer y escribir, de probidad e inteligencia reconocidas y de intachable conducta». Designados y aceptado el nombramiento, prestaban juramento de cumplir bien y fielmente las obligaciones de su cargo ante el Alcalde de Montijo. Las peritaciones estaban retribuidas con dos pesetas abonadas a cada perito de los fondos sociales y eran pagaderas a final de mes.
En cuanto a los guardas para obtener tal cualidad, el aspirante debía ser, según el artículo 59, «natural de esta villa, mayor de treinta años y menor de cincuenta, no estar procesado, no haber sido penado en causa criminal, saber leer y escribir y ser licenciado del Ejército con buena hoja de servicios, e intachable conducta moral». Uno de ellos ejercería las funciones de cabo, encargado de la vigilancia, coordinación y distribución del servicio de los demás. Asimismo, «observará y hará cumplir a sus subordinados las disposiciones dictadas por los superiores, asistirá diariamente a la oficina durante la hora de la noche para dar el parte y recibir órdenes».
Como agentes de la autoridad, el propio artículo 70 les obligaba a tomar una serie de precauciones:
     1ª No permanecer más tiempo que el preciso en casas, majadas y cuadrillas.
     2ª No tomar objeto de ninguna clase de ganaderos, labradores ni ninguna otra persona.
     3ª Llevarán el caballo siempre con bocado y de ninguna manera con cabezada, cabezón o jáquima.
     4ª Recogerán y entregarán al Sindicato las caballerías, ganados y efectos de cualquier clase que encontraran perdidos o abandonados.
    5ª Vigilancia con gran diligencia de los frutos más próximos a recolectar.
     6º Podrían todo interés en sofocar cualquier incendio.
     7ª Vigilancia en tiempos de lluvias, más que de diario, los caminos y veredas con el objeto de que no salgan de aquéllos los transeúntes y evitar los daños que pudieran hacer en la fincas.
    8ª Observar puntualidad en las horas de salida y entrada de la población.
IV. La actividad social de la Comunidad de Labradores en el primer tercio del siglo XX.
El más antiguo libro de actas de la Comunidad de Labradores de Montijo que se conserva corresponde a las reuniones del sindicato. Así, empieza con el acta de la sesión del sindicato celebrada el 9 de enero de ese año bajo la presidencia de Juan Quintana y Quintana. Se acordó la continuación de la reparación del camino de «La Zumbona» mediante el sistema de prestación personal y la contratación de una sección de doce jornaleros que molieran piedra por una peseta diaria de jornal para destinarla como zahorra para el firme, así como la construcción de una cuneta en la finca de Lesmes Rodríguez Carretero. En la sesión del 21 de abril se convino la adquisición de un volquete y el nombramiento de un operario encargado para la reparación de los caminos que ya estuviesen arreglados. Los vocales de aquélla época eran Alonso Rodríguez, Diego Sevilla, Pedro del Viejo, Francisco del Viejo y Alonso Sánchez y el secretario Fernando Ramos.
La importancia de la Comunidad de Labradores venía asimismo por la integración en diversas juntas sectoriales de ámbito local. Según se dispuso en una circular de la Jefatura Provincial de Fomento sobre constitución de la «Junta Local contra las plagas del Campo», estas sociedades debían proponer el nombramiento de dos miembros. En la sesión del 13 de julio de 1908 fueron designados como vocales los asociados Francisco Rodríguez Cavero y Miguel Gutiérrez Molina. Además, de su seno fue designado Juan Molano Gómez para que participara como compromisario en la elección del vocal representante de la clase patronal en el Instituto de Reforma Sociales. Meses más tarde, en una reunión del sindicato en la que concurrieron bastantes comuneros, se hizo designación de los vocales de la Junta Local de Reformas Sociales para sustituir a los cesantes (Alonso Gómez Martín, Francisco Tejeda Gragera y Luis Mendoza Villanueva): Juan Piñero Rodríguez, Francisco de los Ríos Martín y Argimiro Rodríguez González (éste suplente). Años más tarde se designaron como vocales representantes en la Junta Local de Subsistencias a Bartolomé Bautista y Bautista, Fernando Barbaño Gordillo, Diego Bautista Guzmán y como suplente a José Moreno Pereira.
En la reunión del 31 de enero de 1919 se procedió a designar a cuatro vocales de la Junta de Aranceles y Valoraciones según dictaba el Real Decreto del Ministerio de Hacienda de 2 de enero de ese año. Se hizo constar que la sociedad tenía 825 miembros y fueron designados Manuel Franco Benedito, Mariano Matesanz de la Torre, Rafael Alonso Lasheras y Francisco Bernal Pantoja entre los doscientos diez y siete socios que asistieron a la reunión. En la del 22 de febrero de 1920 se eligieron tres vocales y sus respectivos suplentes para formar parte del Consejo de Fomento de la provincia tal como disponía el Real Decreto de 22 de enero y Real Orden de 27 de ese mes y año. Los elegidos fueron Antonio Espárrago, Baldomero Galache Fernández, Miguel Durán Cienfuego, Evaristo Navarrete Arteaga, Juan Alba Burgos y Pedro González Delgado (los tres últimos eran suplentes).
Además, la Comunidad de Labradores emprendió una serie de obras como la construcción de pozos. En la sesión del 14 de marzo de 1909 se acordó la construcción de dos pozos en los sitios del «Charnecal» y en el «Gamonal». Más tarde se convino hacer otros dos más en los sitios de «Los Remates» y en la «Majadilla» y se adquirió el terreno necesario por 20 pesetas a Juan Rodríguez Molina y por 60 pesetas a Alonso Rodríguez Gragera respectivamente. En otros casos eran los propios asociados los que cedían el uso de pozos a la Comunidad. Fue el caso de Pedro Acevedo Capilla.
Otra vertiente constructiva de la Comunidad de Labradores era la adquisición de terrenos para convertirlas en charcas abrevadero para uso de los comuneros. De esta manera, en la sesión del 2 de octubre de 1913 se dio cuenta de la autorización de la Junta General para la adquisición de un terreno para ser abrevadero de ganados de los sitios de «La Cañada», «Valderregañas» y «Navahermosa». Eran propiedad de Diego Moreno Barril y tenían una extensión de fanega media, y estos eran sus linderos: Por saliente con Carril de la Cañada, Mediodía Regato del Pilarejo, Poniente Regato de la Cañada y Norte con los herederos de Francisco Bautista, por el precio de 1.500 pesetas.
El arreglo de caminos también era una prioridad. En la sesión del 20 de abril de 1909 se trató sobre la composición del «camino de la Dehesilla que por su mal estado resulta de difícil y peligroso paso para los carros y construir una alcantarilla en Los Remates y camino de Torremayor». De esta forma, la Comunidad de Labradores había adquirido herramientas para realizar estas obras. En la reunión del sindicato del 15 de octubre de 1914 se acordó «recoger a los asociados las herramientas y utensilios de esta Comunidad que tenían en su poder empleada en obras puramente particulares con gran deterioro de aquéllas».
La importancia de la sección de obras fue tal que en la sesión del 16 de julio de 1915 se creó la plaza de encargado de obras en la persona de Cristóbal Sánchez García «con el fin de que dirigir todos los trabajos que se acuerden llevar a efecto y con esto a más de conseguir la perfección, solidez y economía en las obras, poder quedar garantidas de las responsabilidades en que pudiéramos concurrir». La Comunidad tenía el objetivo de dotarse de una infraestructura mínima para poder arrendar el aprovechamiento de pastos. En la sesión del 15 de noviembre de 1918 se acordó adquirir un nuevo terreno a la vecina de Torremayor Isabel Domínguez para construir un nuevo pozo y abrevadero. Fue adquirido un celemín de extensión por el precio de 100 pesetas. Anualmente, esta entidad arrendaba los aprovechamientos.
Ampliamente consolida esta sociedad, a partir de 1915 comenzaron las gestiones para adquirir abonos minerales en ventajosas condiciones para los asociados más modestos. Así en la sesión del sindicato celebrada el día 20 de mayo de ese año se acordó que una comisión presidida por Argimiro Rodríguez Piñero y compuesta por los vocales Casimiro Codes y Ezequiel de los Ríos se encargara de comprar los abonos minerales. Fueron adquiridos a la Unión Fabril, sociedad domiciliada en Lisboa. En la sesión del 25 de mayo de 1918 se acordó adquirir una partida de abonos a la Sociedad Anónima San Isidro de Bilbao por ser más ventajoso el precio.
Además, en la sesión del 24 de julio de 1916 se acordó comprar una máquina clasificadora de cereales para servicio de los asociados que lo demandaran. Así, se convino que «durante la época de recolección la máquina sea depositada en las eras y transportadas de unas a otras, para que los labradores hagan la selección de sus simientes, y por ello abonarán seis pesetas diarias distribuidas en la forma siguiente: Para el jornalero encargado de la custodia y limpieza de la máquina una peseta y cinco céntimos, de aceite para el engrase de dicha clasificadora veinticinco céntimos, y cuatro pesetas por el trabajo de clasificación de granos o sea, a diez céntimos de pesetas por fanega por hora que se ha de preparar…»
Asimismo, del seno de la propia Comunidad de Labradores de Montijo hubo un intento, que no cuajó, para crear una Caja Rural de Ahorros y Préstamos en la localidad. Institución que podría ser considerada como una sección más de la Comunidad de Labradores, ya que la matriz debía de ser un Sindicato Agrícola como establecía la Ley de 28 de enero de 1906. Así en la reunión del sindicato celebrada el 18 de septiembre de 1910 hubo un primer acuerdo tras la información del abogado Pedro Quintana Gragera sobre el funcionamiento de la que existía en Almendralejo. Sin embargo, varios meses se desistió del asunto.
Pero el impulso de la Comunidad de Labradores vino de la mano del nombramiento de Julio García Pérez como Secretario de aquella entidad. Fue nombrado en la sesión del sindicato celebrada el 11 de febrero de 1915 para sustituir al anterior, Manuel Rodríguez Corchero, que padecía una «persistente enfermedad» que había provocado una paralización de la vida administrativa de la sociedad a pesar de haberse contratado un auxiliar en la persona de Alfonso Amaya Piñero. Los directivos Casimiro Codes Rodríguez, Argimiro Rodríguez Piñero y José Moreno Pereira (Presidente) solicitaron al abogado de la sociedad, Pedro Quintana Grajera, que les indicara la persona idónea para ocupar el cargo. Propuso a Julio García Pérez, vecino de Almendralejo, siendo designado secretario interino con el haber de 5 pesetas diarias. Su nombramiento en propiedad se produjo el trece de abril de 1915.
La administración del sindicato hasta la llegada de Julio García Pérez fue desastrosa e irregular. Nada más tomar posesión se pudo comprobar que existían anormalidades en la contabilidad. La principal fuente de ingresos procedía del cobro de las cuotas de la guardería rural. En la sesión del 8 de mayo de 1915 se reunió de la junta del sindicato con la asistencia del letrado Pedro Quintana. El presidente leyó un escrito en el que se ponía de manifiesto que menos de trescientos asociados cumplían con el pago de los recibos y más de 600 a pesar de disfrutar de los beneficios de la guardería rural no abonaban nada. Se sacaron los listados de deudores y uno de éstos presentó un talón que justificaba el pago. Pero al confrontar el recibo con la matriz, ésta no aparecía en las oficinas. Y sigue así el relato de los hechos: «… Alarmado [el Presidente, José Moreno Pereira] ya por este casual encuentro, se hizo un más detenido estudio que dio por resultado conocer las existencias de otros varios casos cuya gravedad, importancia y trascendencia someto a su conocimiento». Además, «…al reorganizarse las oficinas de su secretaría después de tanto tiempo abandonadas, se ha encontrado en ella libros talonarios faltos de matrices, uno de ellas alteradas las cifras que fueron cobradas en otro, y comprobado después que los talones desprendidos del primero se han convertido en recibos de cantidades que por el concepto de guardería rural fueron cobradas a socios de la misma sin que de dichas cantidades se hubiera tomado razón ni fueran ingresadas en sus arcas».
También existen datos que atestigua que esta entidad patronal ayudó a los jornaleros de Montijo en la crisis laboral de marzo de 1916. Así, la ejecutiva del sindicato integrada por el presidente José Moreno Pereira y los vocales Modesto Porras Calderón, Casimiro Codes Rodríguez, Alonso Gutiérrez y Pedro Mateo Gutiérrez se trató «la situación porque atraviesa la clase jornalera, pues a causa de las continuas lluvias todos los trabajos de campo están paralizados, dando lugar que la inmensa mayoría de los braceros se encuentren sin jornal, créandose con este motivo un estado difícil que es necesario resolver. Se resolvió dar trabajo, destinándose la cantidad de 1.000 pesetas para costear los jornales
En 1919 la Comunidad de Labradores reconoció la representación de los obreros como interlocutor válido para negociar las bases de trabajo para la recolección, y según iniciativa del Alcalde. Esta entidad era que más la más representativa a nivel patronal, porque aglutinaba a propietarios y a cultivadores. A fecha de 1 de abril de 1918, estaba integrada por 864 asociados. De esta manera, en la reunión del sindicato de 20 de abril fueron nombrados los vocales patronos para formar parte de un tribunal mixto arbitral Modesto Rodríguez Gómez, Juan María González Therreros, Francisco Martínez Coco, Bartolomé Pinilla y Pinilla, Alonso Jerez Pinilla y Alonso Gutiérrez Lavado. Esta designación fue comunicada al Centro Obrero. En la sesión del 14 de julio se dio cuenta de una huelga y por esa razón se concentró en la localidad una fuerza de caballería del Regimiento de Villarrobledo, cuyos gastos de alojamiento sufragó la Comunidad de Labradores.
En 1920 se registró otra huelga y una serie de asociados de la Comunidad de Labradores solicitaron al Presidente (que también era concejal), Pedro Miguel Rodríguez Bautista, que la entidad sufragase los gastos de alojamiento de las fuerzas de la Guardia Civil que venían a prestar servicios de vigilancia y custodia de los campos. En esos años se tiene constancia incluso de enfrentamientos entre los obreros de Montijo con los jornaleros portugueses, ya que éstos se ofertaban a menor precio.
V. El servicio de guardería rural.

En esa época de comienzo de la gestión social de la Comunidad de Labradores, la guardería rural -con nueve miembros- era insuficiente tal como quedó de manifiesto en la sesión del 13 de abril de 1908: «Visto que la demarcación que cada uno de los guardas de la Comunidad es demasiado extensa para que resulte bien custodiada en la época presente y siendo muy frecuentes los ataques que sufren las propiedades sembradas de habas, se acuerda nombrar tres guardas interinos por el tiempo que el sindicato crea necesario». Los nombrados fueron Manuel Soltero Macías, Rodrigo Aunión Melchor y Joaquín López Ramos. También se convino en ese día que se juramentase a los guardas para que pudieran ejercer sus competencias en las fincas situadas en los lugares «Melchores» y «Gamonal» del término de Torremayor. Precisamente en este lugar, la Comunidad de Labradores poseía un pozo.
Sin embargo, hubo muchas quejas por las deficiencias del servicio de guardería rural. Este asunto fue tratado en la reunión del sindicato del 12 de junio de 1908 y se acordó reestructurar aquél. Así fue nombrado el guarda Juan Gutiérrez Abadito como cabo de la policía rural «con todas las atribuciones que sean necesarias al buen régimen que el cargo requiere, que se cite a todos los guardas y se les haga saber el acuerdo de la corporación, y aquel guarda que no estuviera conforme y no respetara el acuerdo tomado que inmediatamente lo manifestara y renunciara el cargo entregando inmediatamente el armamento». En la reunión del sindicato del día 4 de octubre de 1908 se estableció el horario de vigilancia: «En los meses de abril, mayo, junio, julio, agosto y septiembre saldrían a prestar servicio a las cuatro de la mañana y se retirarán de él a las ocho de la noche y en los meses de octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero y marzo saldrán a prestar servicio a las cinco de la mañana y se retirarán de él a las seis de la tarde, bajo la multa de 5 pesetas por primera, de diez la segunda y destitución del cargo la tercera».
Los guardas rurales de la Comunidad de Labradores debían poseer su propio caballo y hasta 1915 los guardas rurales de Montijo carecían de uniforme. En la primera sesión en la que Julio García Pérez ejerció como secretario se puso de manifiesto «lo conveniente que es uniformar a los guardas y que por dicho objeto había adquirido muestras de la llamada lana militar que tan excelentes resultados vienen dando en los uniformes de guardas de otras comunidades; alega en beneficio de su proposición el carácter que el uniforme da al guarda, conservando con mayor grado su principio de autoridad, hechos los cuales van en prestigio del sindicato». Se adquirieron diez uniformes para ser donados a los guardias «en recompensa de los meritísimos trabajos que vienen realizando». En la reunión del sindicato de 16 de marzo de 1916 se dio cuenta de la adquisición de cinco sables y ocho carabinas para sustituir a los viejos equipos que utilizaba el cuerpo «al objeto de que cuando tengan los guardas precisión de asistir a un acto oficial y público se presenten bien uniformados como corresponde al prestigio de la Comunidad».
El doce de agosto de 1915 se acordó contratar a un peón caminero con el haber diario de 3 pesetas y como tal fue nombrado Miguel Soltero Gómez. Éste se encargaba del mantenimiento de los caminos. En 1918 el peón era Francisco González Ambrosio, y en la sesión del sindicato del 7 de septiembre se acordó atender a su solicitud de subida de sueldo «en virtud de la carestía de las subsistencias» en 50 céntimos diarios. En la sesión del 7 de octubre de 1915 el sindicato acordó nombrar a una serie de guardias suplentes, pero sin sueldos. El fin era que cubrieran las posibles vacantes que se pudieran producir de forma eventual. Tres vecinos fueron nombrados en tal calidad: Pedro Quintana Molina, Francisco Acevedo Serrano y Santiago Carretero Gómez.
VI. Labor cultural de la Comunidad de Labradores de Montijo.
Aparte de las funciones específicas de vigilancia rural, arreglo de caminos y la construcción de abrevaderos, la Comunidad de Labradores de Montijo también destacó en el ámbito de la formación y de la cultura agraria entre sus asociados. Por el acta de la sesión del sindicato del 17 de abril de 1910 se tiene constancia del recibimiento de libros para engrosar la colección de esta entidad, y se agradeció la donación a Manuel Rodríguez Ramos, Inspector del Cuerpo de Telégrafos y a Antonio Pacheco Lerdo de Tejada, Diputado a Cortes, los cuales hicieron las gestiones ante la Dirección General de Agricultura.
En 1917 la Comunidad de Labradores de Montijo entró en contacto con la Granja escuela práctica de Agricultura de la provincia, con sede en la ciudad de Badajoz. En la sesión del sindicato celebrada el día 31 de marzo de 1917, el nuevo presidente de la entidad, Juan Mateos Gutiérrez informó de la visita realizada por una comisión de la sociedad a finales del mes de enero. Además, el Ingeniero Director de aquella institución aconsejó a la Comunidad de Labradores la utilidad de confeccionar el plano agronómico del término municipal. Así fueron remitidas trece muestras de tierra cultivables para ser analizadas en aquella institución. Se había convenido con ésta la formación de los obreros de Montijo en las innovaciones de la agricultura.
En la sesión del 30 de abril se dio conocimiento de la invitación por el Director de la Granja Escuela para celebrar con la Comunidad de Montijo la Fiesta de la Agricultura en sus instalaciones junto la Cámara Agrícola, la Jefatura Provincial de Fomento y Comunidad de Labradores de Badajoz. En ese año de 1917 se celebró por primera vez la Fiesta de San Isidro Labrador. Así, el sacerdote de Montijo, Amalio Trigueros informó en la sesión del 30 de abril de la instalación de una capilla dedicada a San Isidro en el interior de la ermita de Nuestra Señora de Barbaño. Además ofreció la mayordomía perpetua a los presidentes de la Comunidad de Labradores de Montijo.
Dada la coincidencia con la invitación a la Fiesta de la Agricultura en Badajoz, se decidió que una comisión compuesta por Juan Mateo Gutiérrez, Emilio Rodríguez, Francisco G. Piñero y Julio García viajara a la capital. Además se hizo el donativo de 50 pesetas para sufragar la fiesta religiosa. En ese mismo año de 1917, y a instancia de Francisco G. Piñero se acordó abonar 100 pesetas a la Banda Municipal de Música de Mérida para que en los días de feria amenizara la procesión y diera varios conciertos en el paseo público. También se hizo lo mismo en la edición de 1918. En las ferias de 1919, la Comunidad de Labradores abonó los gastos para la traída de la Banda de Música del Regimiento de Gravelinas.
VII. La construcción de la sede social.
Ciertamente, durante los primeros 16 años esta entidad no tuvo local propio. Residió la sociedad en locales alquilados. El seis de abril de 1911 acordó el sindicato buscar una nueva sede social más adecuada, ya que en ese momento estaba en la primera planta de un inmueble en cuyos bajos había un casino y causaba mucho ruido e impedía trabajar a los administrativos. En ese momento estaban en negociaciones con los señores Arribas y Ramos para cerrar un nuevo contrato de alquiler de un edificio más amplio, especialmente para almacenar herramientas. A la altura del 25 de mayo, fecha en la que se reunió el sindicato, ya se habían trasladado las oficinas a la planta principal del local de aquéllos, sito en la Plazuela de Severo (o Plaza del Rey).
En la sesión del sindicato del 31 de octubre de 1914, y bajo la presidencia de José Moreno Pereira, se recogió la primera propuesta de adquisición de un inmueble para destino de sede administrativa y de los almacenes. Y de esta forma, se incluyó una partida en el presupuesto para tal fin. En la reunión celebrada el 9 de octubre de 1918 se acordó destinar ese dinero «para la compra de una casa o solar al objeto de construir un edificio destinado a domicilio social y cuya cantidad viene figurando en tres ejercicios consecutivos, cree se puede adoptar una resolución para cumplir este acuerdo». Así, se dio a conocer al vecindario ese acuerdo para recibir proposiciones. En la reunión del 15 de noviembre se rechazaron todas las recibidas por carecer de interés. En la del 25 de enero de 1919 presidida por Pedro Miguel Rodríguez Bautista y estando presente sus vocales (Pedro Caballero Molina y Cristóbal Gómez Fernández) y un gran número de comuneros. Se dio cuenta de una proposición sobre una casa que poseía estas características:
«Tiene sus dos fachadas de Poniente y Norte en la calle de Bravo Murillo, antes Peñas, compuesta de cinco naves, las tres primeras de dos pisos, y de una la cuarta y la quinta, corrales con pozo de agua potable, medianía con los herederos de Alonso Cantero Rodríguez y pajar en una nave de un piso, que ocupa una superficie de diez y siete metros cincuenta y nueve centímetros de latitud y veintidós metros cincuenta y un centímetro de longitud, que linda por la derecha entrando al Mediodía con la de herederos de Vicente Domínguez, por la izquierda o saliente con la de herederos de Alonso Carretero Rodríguez, libre de censos y cargas».
Este inmueble era propiedad del vecino y antiguo directivo del sindicato Casimiro Codes Rodríguez, y el precio de venta se estableció en 12.500 pesetas. En la sesión del 2 de abril de 1919 se dio a conocer el pliego de condiciones presentado por el maestro alarife Cristóbal Sánchez García para el derribo y edificación de la sede social de la Comunidad de Labradores. Las proposiciones presentadas fueron de Pedro Morilla de la Sal que presentó dos, una por 28.000 (en un oficio de la Sociedad de Artesanos «El Progreso») y otra por 30.000 pesetas; José Marín y Antonio Cabezas por 25.500,80 pesetas, otra de Cristóbal Sánchez García de 32.000,85; otras del señor Sánchez Romero por 42.000 y 36.500. El sindicato se decidió por la oferta de los licitadores Marín y Cabezas.
Más adelante, en la sesión del 14 de julio de 1919, se puso de manifiesto que el maestro de obras Cristóbal Sánchez había incurrido en ciertas omisiones involuntarias en el proyecto que afectaba a la puerta de entrada al almacén de maquinarias, las antepuertas de los balcones que daban al patio, y se tendrían que hacer por cuenta de la entidad. En la reunión del sindicato del 15 de octubre de 1920 el presidente de la Comunidad, Pedro Miguel Rodríguez Bautista, informó sobre la terminación de la construcción de la sede social. Además se acordó adquirir el mobiliario: Una mesa presidencial forrada con tapa, vestidura de terciopelo, un sillón presidencial tapizada de terciopelo, un dosel presidencial, y tres retratos, de Alfonso XIII, de Rafael Gasset (el cual había sido Ministro de Fomento en varias ocasiones por el Partido Liberal) y del Marqués de Alonso Martínez. Se encargó a la casa Torres, Ferreira y Callejo la confección del mobiliario en cuatro mil pesetas.
Para concluir, hay que decir que la construcción de este edificio, especialmente diseñado para albergar todos los servicios administrativos de la Comunidad de Labradores, también sirvió para instalar la biblioteca-museo. Se encargaron y diseñaron sus muebles y vitrinas para colocar visiblemente las curiosas adquisiciones. El mobiliario fue diseñado por la casa «El Progreso» de Ramón Salas, fabricante de muebles y carruajes domiciliado en la Plaza de la Soledad número 23 (esquina con Echegaray) de Badajoz. Poco a poco fueron adquiridas varias colecciones de animales disecados, así como de diversas variedades vegetales y minerales. También fueron mostrados instrumental eléctrico. Además, la biblioteca también fue poco creciendo hasta completar un curioso museo a pequeña escala. En la sesión del 21 de diciembre de 1921 se acordó la adquisición de este mobiliario. La sede social fue inaugurada en 1924.