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jueves, 18 de febrero de 2010

La Historia del Guardia de Asalto Francisco Núñez Trejo «Kiko»

Moisés Domínguez Núñez me envía un texto impresionante sobre su abuelo, Francisco Núñez Trejo. Me autoriza que lo publique en el blog por el interés del mismo. Es la Historia de su vida, reconstruida a partir de los recuerdos familiares y completada con la valiosa documentación depositada en los archivos. Francisco Núñez, natural de Barcarrota y de origen humilde, ingresó durante la II República en el Cuerpo de Guardias de Asalto. A pesar de haber exteriorizado muestras de cumplimiento de su deber a comienzos de la Guerra Civil, fue destinado al Destacamento de Cabeza del Buey, al poco tiempo sufrió en sus propias carnes las penurias de los «republicanos» campos de concentración de prisioneros. El relato es muy interesante porque es un botón de muestra sobre la vida, o mejor la mala vida, en la llamada «Bolsa de la Serena».

La Historia del Guardia de Asalto Francisco Núñez Trejo «Kiko».
Por Moisés Domínguez Núñez

No consiguió recompensas, ni medallas, ni tan siquiera el reconocimiento de sus mandos ya fueran Rojos o Azules que más da. Esta es una historia sencilla, la historia de mi abuelo es la historia de un héroe que sobrevivió a aquella maldita guerra, ésa, fue su verdadera victoria: Sobrevivir. De él tan sólo recuerdo sus grandes manos, curtidas por años de duro trabajo en el campo, cogiendo mi pequeña mano, llevándome a comer buñuelos de bacalao a un conocido bar del Barrio de San Roque en Badajoz. Aún guardo sus caricias en mi corazón y por él escribo su historia que a él nunca le dejaron contar.
Una espesa niebla cubría la dehesa extremeña. Debajo de una encina, a medio camino entre Villanueva y Don Benito, se encontraron mi abuelo (Francisco Núñez Trejo, Emilio Quesada Martínez y Antonio Triviño Triviño) todos ellos eran Cabos de la Guardia de Asalto, determinaron desertar, pues la situación en Don Benito se hacía insostenible, habían ya ayudado a alguno de sus compañeros a pasarse a Zona Nacional, y estaban bajo el punto de mira de los comisarios políticos…
La verdad es que todo empezó mucho antes. Mi abuelo Francisco, había nacido el mismo año en el que Peary conquista el Polo Norte el 3 de abril de 1909, a las 13 horas según consta en su acta de nacimiento, bautizado en la iglesia de la Virgen de Soterraño en Barcarrota (pueblo que dista 48 kilómetros de Badajoz, dirección sur y de 6.750 habitantes). Por aquel entonces sus padres Antonio Núñez Herrera y Sofía Anastasia Trejo Espejo, vivían en la calle Pérez, y tenia dos hermanos, José y Pilar, con los que jugó por las plazas y callejuelas de Barcarrota. Sus abuelos por línea materna eran José Trejo Muñoz, (hermano del que fuera alcalde de Barcarrota Benito Trejo) y Pilar Espejo Guzmán por línea paterna Francisco Núñez Díaz y Francisca Herrera Duran, todos ellos naturales de Barcarrota y así transcurrió su corta infancia, pues, con tan solo ocho o nueve años, debía ayudar a su padre que compaginaba las labores de sementera, siega o recogida de garbanzos, con las de zapatero.
Poco tiempo tuvo para jugar a los bolindres. A éste zagal, de vez en cuando, lo mandaban a cuidar unas cabras, que en la mayoría de las veces perdía por el camino. Trascurría su vida yendo y viendo a la lechería ó por agua a la fuente. Empezó aprender sus primeras letras y números gracias a su tía Elisa, que tenía una panadería y pudo enseñarle algo de gramática y cultura general. Con su abuelo José, se llevaba muy bien, por su aire gracioso y algo juerguista (mi abuelo decía de él que fue un tanto manirroto, pues poseyendo una pequeña hacienda y algo de dinero heredado de sus padres, lo dilapidó en saraos y mesas de juegos por lo que sus padres y nietos no heredaron nada de aquel molinero barcarroteño).
Aquel niño de pelo trigueño, vio a través de sus ojos pardos, como la vida en el pueblo se hacía cada vez mas dura. Observaba como la diferencia de clases se agudizaba, por un lado los grandes propietarios dueños de aquellos inmensos latifundios. Por otro sus vecinos, su familia, pequeños propietarios y campesinos sin más horizonte que sacar de aquella miseria a sus hijos. Así pasa su juventud y adolescencia.
Aquel buen mozo de 1.75 y 70 kilos, es llamado a filas, en 1930. Ingresó en la Caja de Reclutas de Zafra nº 12, con nº de Cartilla Militar 2232418. Es destinado al Regimiento de Artillería nº 1, aunque en principio, le corresponde el sorteo para África nº 1.819. Al final aquella absurda Guerra Colonial había acabado y por suerte no tuvo que ir a luchar contra los moros, no obstante tiene que servir a la patria, y este mocetón que no había conocido más mundo que las tierras que rodeaba Barcarrota se dirigió en un viejo tren a una ciudad mágica, Córdoba. Allí conocerá el esplendor del arte hispano-musulmán en España, la Mezquita es la obra suprema de la arquitectura califal. Aparecerá ante él, como una de aquellas mozas lozanas y de piel de aceituna pintadas por Julio Romero de Torres.
Desde mediados de enero de 1931 hasta 1 de mayo. Realiza el período de instrucción y el 3 de Junio de 1931 promete fidelidad a la Nación y al Gobierno de la República ante el estandarte del Regimiento. Allí pasó nueve meses de su vida. Quizás por vanidad o por obligación, quien sabe. Se hizo, la clásica foto junto al ajado macetero de madera. Sacó brillo a las bombetas de sus insignias de artillería, se ciño el cinto y el correaje. Se ajustó las negras botas de caña alta y puso el codo derecho sobre el macetero y la mano izquierda sobre el lustroso machete. Le hicieron la instantánea que hoy de color sepia aun preside la sala de estar de la casa de mis padres.
Allí pasó unos meses inolvidables hasta que por fin consiguió la licencia ilimitada el 31 de enero de 1932, volviendo a su Extremadura natal y fijando su residencia en la Plaza de Santiago, nº 10, de Barcarrota, junto a la Parroquia del mismo nombre, debiendo ir a sellar su cartilla militar ante la Guardia Civil cada año hasta 1944.
Ante la falta de perspectivas laborales, mi abuelo tomará una decisión que le marcará el resto de su vida, incorporarse a la recién creada Guardia de Asalto, (por Ley de 30 de enero de 1932, se crea la Guardia de Asalto, cuerpo policial de la República, dirigida a controlar los centros urbanos, constituyendo un cuerpo especializado, dedicado a mantener el orden público en las ciudades Españolas de la II República, en la Provincia de Badajoz, se establece la 11ª Compañía de Asalto). Aunque las condiciones para entrar en aquel cuerpo armado son muy estrictas (se requiere al menos 1.75 centímetros de altura y una constitución física excepcional) solicita los impresos y requiere los certificados necesarios para realizar las oposiciones, a las que se presenta el 12 de junio de 1934. Supera las duras pruebas, la alegría para él y su familia fueron inmensas, por fin podría salir y tener una vida mejor. Qué lejos estaba eso de ser verdad. En fin, se le concede un sueldo al año de 3.250 pesetas. El 9 de noviembre de 1934 toma posesión de su plaza como Guardia de Asalto, siendo destinado a la 11ª Compañía de Especialidades en la localidad de Mérida. Se le aprovisionó con una carabina, modelo máuser 1893, una pistola Astra con culatín, modelo 900 calibre 7.63 mm y una porra de cuero de 80 centímetros de longitud, que sustituía al clásico sable (esta matraca evitaría en lo sucesivo las muertes que se producían por la mala utilización de éste mortífero material antidisturbios).
Y empieza a realizar las funciones propias de Guardia de Asalto. Ese mismo año 1934 se había decretado el Estado de Guerra por Decreto de 6 de octubre (Diario Oficial nº 232) en toda España, por haber estallado un movimiento revolucionario promocionado por el PSOE y la UGT. El 5 de octubre se convoca una huelga general revolucionaria en toda España, que recrudece con especial virulencia en Asturias, donde para sofocar el alzamiento es llamado para asesorar al Ministerio de la Guerra (Diego Hidalgo Durán, natural de los Santos de Maimona) un jovencísimo militar africanista llamado Francisco Franco Bahamonde. Por todo ello, mi abuelo es movilizado y tiene que realizar frecuentes salidas para sofocar las revueltas producidas a numerosos poblaciones pacenses. El 5 de febrero de 1935 es destinado a Badajoz. Por Decreto de 22 de enero de 1935 (D.O. nº 21) se levanta el estado de Guerra, parece que la paz había llegado a esta piel de toro, latía sin embargo un estado prebélico que estallará definitivamente en el verano del año 1936.
El 5 de agosto de 1935, la Dirección General de Seguridad de Badajoz le felicitó por su leal y decidida cooperación a la causa de orden con motivo de la fiesta conmemorativa celebrada por elementos de extrema izquierda social el 1 de Agosto de 1935 en Badajoz capital. Nuevas salidas por diversos pueblos de la provincia para garantizar el Orden Público.
Empieza el año 1936 y las revueltas son cada vez más frecuentes, por lo que la participación de la Guardia de Asalto se hace imprescindible. En julio de 1936 la plantilla del Cuerpo de Seguridad y Asalto la componen 17.660 efectivos, de los que más de 8.000 son personal de tropa como mi abuelo. A su mando se encontraba Sánchez Plazas, meses atrás Muñoz Grandes había abandonado el Cuerpo, contrariado con el gobierno del Frente Popular que había ganado las elecciones en febrero de 1936. El 30 de junio de 1936, recibe su última nómina del habilitado pagador de Badajoz por importe de 270,83 pesetas mensuales, a partir de ese momento será el Gobierno de la República quien le pagará sus haberes, que quedará fijado en 146,64 pesetas de la época.
El 17 de julio de 1936 en el campo de maniobras del protectorado norteafricano «Llano Amarillo» se produce el levantamiento militar. En casi toda España. La Guardia de Asalto es fiel a la República, no podía ser menos en la provincia de Badajoz. Mi abuelo que estaba destinado en Mérida, se le ordena el mismo día 18, trasladarse urgentemente a Madrid con el fin de reforzar los efectivos de la capital. Cumpliendo ordenes de la superioridad le correspondió salir con parte de su guarnición vía ferrocarril, tan solo lleva como compañera y protectora, una estampita de la Virgen de Soterraño. En ella se podía leer una letanía clásica de la época: «Virgen santísima del Soterraño, Oliva hermosa de los Campos, Bella Rosa de Jericó, sublime como el ciprés en Sión y como la palma en Cades… Haced Clementísima Madre, que yo acierte a complaceros con un verdadero espíritu de devoción y como patrona, protectora y especial amparo de esta villa y su comarca, conceded felicidad espiritual y temporal para este vuestro pueblo, que os venera y la gracia de amaros y serviros durante nuestra vida, para después gozar de vuestra amable compañía en el cielo. Amen»
Llegó a Madrid al día siguiente, 19 de Julio de 1936. Fue destinado al famoso cuartel de Pontejos, en la madrileña Puerta del Sol (de este cuartel salió la comitiva al mando del Capitán de la Guardia Civil Fernando Condes Romero, que dio muerte el 13 de julio de 1936 al Diputado conservador José Calvo Sotelo, y que fue el mejor pretexto que pudieron encontrar, para iniciar levantamiento militar, los militares alcistas y que hundió a España en una guerra que duro casi tres años).
En un primer momento Kiko (así lo conocíamos todos), se encuadró en la 5ª Compañía, aunque inmediatamente se integra en la 44ª Compañía del 11º Grupo de Asalto. No fue únicamente el 11º Grupo de Asalto, el cual acudió a la llamada de la República, sino desde casi todas las capitales españolas acudieron las compañías de Guardia de Asalto. Con ello se pretendía asegurar la derrota de la rebelión en Madrid, pero facilitaba el triunfo de la sublevación en las capitales y grandes ciudades donde los efectivos de Asalto habían quedado muy mermados.
Allí conoció la noticia de la muerte de sus compañeros (el día 22 de julio de 1936 salieron de Badajoz tres camiones dirección Madrid, y sufrieron un accidente de tráfico y murieron aproximadamente 20 Guardias de Asalto).
En Madrid, entabla amistad con muchas personas de izquierdas como el madrileño Manuel Villalobos (miembro del Comité de las Juventudes Socialistas Unificadas), a los jienenses Juan Gordillo y Juan Bada, a su paisano y Guardia de Asalto, Anastasio Rodríguez Barragán que llegó ascender a Sargento de dicho cuerpo, y al Guardia de Asalto Sancho Amigo Cortes (natural de Puebla de la Calzada) conoce de los hechos ocurridos en el Cuartel de la Montaña el día 20 de julio de 1936 donde se acribilla a los militares sublevados al mando del General Joaquín Fanjul (que se había rendido). Vio con sus grandes ojos como el patio estaba lleno de cadáveres. Se relaciona con los brigadistas que provenientes de medio mundo, estaban dispuestos a defender la República Española.
Aunque mi abuelo nunca tuvo preferencias por unos partidos políticos u otros, (él tan solo defendió el orden establecido y la República legalmente elegida en las urnas en febrero de 1936), sus ideas al principio proclives con la República van tornando a favor de los sublevados. Aunque hizo toda la Guerra en el bando republicano, nunca supo muy bien por que luchaba, siempre tuvo intención de desertar y pasar a los nacionales. Tampoco supo muy bien porque tenía que saludar a sus superiores con el puño cerrado y con «un Salud y República».
La situación en Madrid se va haciendo cada vez mas difícil, los bombardeos aumentan y las personas de derechas o tienen que huir, o se integran dentro de la Quinta Columna. En la mayoría de los casos son detenidas y pasan por las famosas checas, los hechos se van desarrollando rápidamente al grito de «No pasaran», Madrid se atrinchera a la espera del ejército de Franco.
Por gentes huidas de Extremadura conoce que su pueblo ha sido tomado por los nacionales el 25 agosto de 1936 y que en Badajoz el 6 de agosto de 1936 algunos amigos y compañeros, se atrincheran en el cuartel de la Guardia Civil, según la hoja de servicios del Capitán de Carabineros Luis Suárez Codes: «Cuando comenzó el movimiento subversivo (este oficial se encontraba en Villanueva del Fresno) al mando del compañía de esta localidad, se puso a disposición del alcalde, concentrando las fuerzas necesarias, armando al pueblo y estableciendo los servicios de vigilancia de frontera portuguesa y carreteras. Días más tarde y petición propia, fue llamado a Badajoz por el Coronel Puigdengolas para mandar una compañía de Carabineros que había de operar contra los facciosos que avanzaban sobre la capital, interviniendo en todos los hechos de armas, ocurridos( destacando el de Los Santos) por ese concepto. Por orden del Tte. Coronel Pastor, jefe de aquella comandancia, tomo el mando de las fuerzas de Carabineros cuya misión era reducir a los Guardias Civiles, que con los de Asalto se habían sublevado haciéndose fuertes en el edificio de la Comandancia, el que se tomó después de 7 horas de fuego de fusilería, bombas de mano y morteros, apresando a todos los jefes, oficiales, tropa de dicho instituto, así como a los de asalto y libertando al Coronel Puigdengolas y Capitán Miguel que desde el día anterior estaban prisioneros».
En el tomo IV de la Historia de las Fuerzas Armadas, y en su página 124, leemos: «Al aproximarse las fuerzas nacionales a dicha capital, los Guardias de Asalto que se habían quedado en la plaza se sublevaron y se unieron a las de la Guardia Civil en el cuartel de está, haciendo prisioneros al coronel Puigdengolas, comandante militar de la plaza y al comandante Jefe de Asalto, llevándose todo el armamento y material. No obstante calcularon mal la salida; la fuerzas nacionales estaban más lejos de lo que se esperaba y después de una feroz resistencia tuvieron que rendirse a las fuerzas republicanas que les tenían cercados». Posteriormente todas estas fuerzas son encarceladas por las fuerzas del Frente Popular de la capital pacense en el convento de San Agustín.
Participó con el famoso Teniente Coronel Julio Mangada Rosenor en la envestida contra el ejército africanista, realizada sobre Ávila. Tenían el propósito de cortar las comunicaciones con Ávila en el alto del león, antes habían tomado los pueblos de Cabreros y Navalperal, la acometida fue un rotundo fracaso y tuvieron que volver a Madrid. En la retirada se produce un hecho luctuoso, aunque no he podido corroborar la noticia. Se expresó en su momento que algunos miembros de la Guardia de Asalto de Badajoz, fueron los que capturaron y posteriormente asesinaron al dirigente falangista Onésimo Redondo. Desde luego, mi abuelo aquello no lo recordaba, por lo que queda en un interrogante, quien perpetró realmente aquel crimen, otros más cualificados que yo deberían investigarlo.
Observa como aquella guerra cruel, se extiende en el tiempo y participa en la larga defensa de Madrid, entre Noviembre de 1936 y febrero de 1937 en el Manzanares del 6 al 23 de Noviembre, en la carretera de la Coruña entre el 29 de Noviembre de 1936 al 16 de enero de 1937.
El día 27 de diciembre de 1936, le comunican que la Guardia de Asalto ha sido disuelta y que se ha fusionado con la antigua Guardia Civil, el cuerpo se reorganiza con el nombre de Guardia Nacional Republicana. A partir de ese momento va a formar parte del llamado cuerpo de seguridad interior. Se le entrega un mono azul, una cédula militar de identidad republicana y un flamante fusil ruso de 7.62 m/m. Aún así en el frente se les siguió llamando Guardia de Asalto, y conservó, al menos, la gorra de plato blando, con la insignia de la estrella de cinco puntas.
El 24 de febrero de 1937, con parte de su Unidad de la 44ª Compañía de Asalto cuyo cuartel estaba en Castuera, es trasladado al frente extremeño, concretamente al pueblo de Cabeza del Buey (Badajoz) prestando servicios de vigilancia y control de carreteras (pasó hambre y frió, una vez tuvo que matar un burro y comer su carne).
El día 14 de febrero de 1937, con motivo de haberse evadido varios compañeros del mismo cuerpo a Zona Nacional (éstos intentaron pasar a Zona Nacional), por tierras de Navalvillar de Pela, aunque no lo consiguieron ya que fueron detenidos y traslados a Castuera, (datos obtenidos de la hoja de servicios de Emilio Quesada Martínez) y sospechando su superioridad que había tenido algo que ver en la deserción de estos Guardias de Asalto de Don Benito, fue detenido, desarmado y conducido por las «Hordas Rojas», al Campo de Concentración que los Republicanos tenían en Manzanares (Ciudad Real) en condiciones inhumanas y a marchas forzadas sin recibir alimentos y sufriendo todo tipo de calamidades y vejaciones. Allí hacinado junto a miles de personas pasa aun más hambre que en el frente. Tan sólo una lata de sardinas al día, con un pedazo de pan que el mejor de los casos tenía que compartir con más de cinco personas. Los carceleros trataban muy mal a los presos, con insultos y culatazos, le llamaban «perro fascista». Le decían, dentro de poco te daremos el «matarile».
Allí cada noche cogían a tres o cuatro desgraciados, los montaban en camiones con la excusa de llevarlos a la cárcel ó a interrogarlos, nada más salir del campo, les daban «el paseíllo» y no les volvían a ver más. Fueron unos días horrorosos, de un miedo espantoso ya que pensaba que no iba a salir de aquel infierno. La insalubridad era enorme, a lo que había que añadir la falta de letrinas, por lo que detrás de los barracones hacían unas zanjas donde hacer sus necesidades. Algunas veces por lo problemas estomacales que sufrieron, mas de un infeliz al hacer fuerzas por el estreñimiento crónico que padecieron y la debilidad de su pantorillas. Cayó en esa inmunda zanja. Mi abuelo tuvo que ayudar a mas de uno de aquellos desgraciados, caídos no sólo ya en desgracia sino a salir de la inmunda zanja.
Cada vez que se acostaba en el camastro de madera, los piojos le producían una picazón insoportable, cuando se rascaba las axilas sacaba las manos llenas de aquellos bichos asquerosos, y veía corretear aquellos puntos blancos por su vieja y ajada manta cuartelera. En una ocasión oyó a un carcelero decir: «A este traidor lo vamos a matar, decimos que se ha intentado escapar y nos lo quitamos de en medio». Pensaba que había llegado su hora. No fue así pues al que sacaron fue a un pobre desgraciado que había a su lado, que era Guardia Civil. Sus padres creyeron que había muerto en aquel campo de concentración, pero gracias al Socorro Rojo y posteriormente a la Cruz Roja, informará a mis bisabuelos, con una carta que aun vivía.
Pensó que no saldría vivo de allí. Tuvo suerte y, después de 47 días de cautiverio, no siendo culpable de ningún delito lo pusieron en libertad, el día 30 de marzo de 1937, entregándole su armamento y con parte de su compañía fue trasladado a Puerto Llano (Ciudad Real) realizando servicios de su clase, hasta el día 28 de Junio de 1937 que se traslada a Castuera (Badajoz). Nuevamente en el frente extremeño, regresa a Don Benito a la calle Pescadores. Allí su futura suegra Matilde Rosa González, viendo el estado lamentable en el que apareció su yerno, lo primero que hizo fue cocer el antihigiénico mono que llevaba, en una hoya de agua caliente, los piojos y las chinches flotaban cual barquitos de papel. Mi abuelo fue detrás y tuvo que quitarse la suciedad de tantos días en un baño de cinc caliente que le preparo Matilde, después saboreo un rico cocido extremeño que remató con una «pringá». Fue uno de los pocos momentos felices de aquellos días de horror y miedo. No obstante ni sus compañeros ni superiores confiaban en él. El resquemor entre sus mandos era feroz y en más de una ocasión le enviaron al frente cerca de Medellín, sin armas tan siquiera para defenderse. En las trincheras oía el tableteo de ametralladoras Maxim y Lewis, las explosiones de las granadas de mano, los gritos de los moribundos y las balas silbando por doquier. De milagro salió vivo de aquella experiencia. Al pobre le decían: «A ver si tienes suerte Núñez y te mata una bala de los tuyos…».
Expreso a continuación un hecho anecdótico y que demuestra la falta de orden y desconcierto de aquella administración republicana. Aún bajo sospecha de desafecto al «Régimen Marxista». El miércoles, día 12 de Mayo de 1937, se le informó su ascenso a Cabo de Guardia de Asalto. Faltaban mandos para la tropa y se asciende rápidamente a todo el personal con algo de experiencia, dicho ascenso es publicado en la Gaceta de la República nº 132, junto con mi abuelo se asciende a (Anastasio Rodríguez Barragan, Francisco Guzmán Gamero, Antonio Triviño Triviño, Emilio Quesada Martínez, y otros) publicado en Valencia a 8 de mayo de 1937.
Cayó enfermo de paludismo, las trincheras llenas de barro pudieron con él y fue llevado al hospital de campaña que se instaló en Don Benito, dirigido por el Doctor Jalón. Una vez repuesto, se casó con Carmen Mures Rosa en Don Benito el 25 de septiembre de 1937. Dicho matrimonio es de carácter civil, pues las celebraciones religiosas habían sido prohibidas. Asistieron dos testigos, compañeros de mi abuelo, el cabo de la 12ª Brigada de Asalto Manuel Santos Romero y el cabo de la 44ª Compañía Narciso Pizarro Moreno. Por este motivo mis abuelos debieron nuevamente, casarse en Barcarrota el día 22 de diciembre de 1939. Eso sí, ya por la Iglesia, y con un hijo nacido en plena Guerra Civil: Mi tío Antonio (Don Benito, 7 de junio de 1938, al que también tuvieron que inscribir nuevamente el 19 de octubre de 1939, según la Orden del Ministerio de Justicia de 22 de septiembre de 1938).
Nuevamente cae enfermo. Era principios de 1938, y es ingresado en el hospital de Don Benito, una fuerte neumonía y una piodermitis (mucho tiempo después recordaba aquella experiencia de ver salir por los folículos capilares, aquellas criaturas que inundaban en poco tiempo no solo su cabeza sino todo su cuerpo) hacen mella en él. Allí se hacinaban los enfermos y heridos por la guerra (mi abuelo decía que allí morían más soldados que los que caían en el frente). En el hospital, hace un amigo, que era vecino de la familia de su mujer (los Mures somos descendientes directos de los pintores del Barroco pacense del siglo XVIII, Alonso Mures y Clemente Mures, buenas muestras de su arte lo encontramos en el Museo catedralicio de Badajoz o en la parroquia de San Andrés, de la Capital), el comisario político «Nazario», el cual le firmó los partes médicos para no ir al frente. Le estuvo agradecido toda la vida, pues con esta acción salvó de una muerte segura a mi abuelo.
Por familiares conoce de la muerte el 9 de marzo de 1938, en Vivel del Río Martín (Teruel) de su primo-hermano, Antonio Trejo Reyes, que luchó con los Nacionales, como voluntario legionario de la bandera de Carros de Combate, este hecho le dejó profundamente consternado pues le unía una gran amistad, que habían compartido de niños en Barcarrota.
Su mujer y sus suegros tuvieron que refugiarse en el domicilio de Eulogio García Domínguez, en la Fábrica del Harinas de Arroyo del Campo cercana a Villanueva de la Serena. Dado que su mujer y sus suegros habían acudido a uno de los últimos actos que dio José Antonio Primo de Rivera en Don Benito, el día 28 de abril de 1935, estaban por lo tanto bajo sospecha. Por esa causa muchas noches se acercaba a la Fábrica a ver a su mujer e informaba a los «elementos derechistas de aquella fábrica de Harinas, a pesar del peligro que corrían, de los avances que tenían las gloriosas tropas nacionales, consultando un mapa de España con el mayor interés de mostrar ante nosotros, su satisfacción por las victorias, que tenían…».
Una espesa niebla cubría la dehesa extremeña. Debajo de una encina, a medio camino entre Villanueva y Don Benito (era finales de marzo de 1938) se encontraron mi abuelo Francisco Núñez Trejo, Antonio Triviño Treviño y Emilio Quesada Martínez, éste último en especial tenía fundadas razones para escapar, ya que el 22 de agosto de 1936, dos hermanos de su mujer, (Luis y Manuel Tena-Mora Acedo) habían sido objeto de un cruel martirio a mano de los milicianos de Castuera, según testimonio de la hija del Guardia de Asalto Quesada, Carmen Quesada Tena-Mora: «Milicianos al mando del Capitán Carlos Rodríguez Medina, metieron a 24 personas en un tren y a unos siete kilómetros de Castuera, a la altura de la estación de “El Quintillo” los bajaron y les condujeron a un descampado, allí después de golpearles con las culatas de los mosquetones y maniatados, les dispararon a las piernas, yaciendo en el suelo les rociaron de gasolina y les prendieron fuego, quemándolos vivos». Según la causa General nº expediente 1052-2 fueron «declaradas personas sospechosas de la participación en el crimen “Basilio Sánchez, Antonio García Gómez, (a) “Rodrigo” y Miguel Fernández Sánchez (a) “El Liencero”».
Todos ellos eran Cabos de la Guardia de Asalto Republicana, y tenían miedo pues si desertaban y los cogían, serían carne segura del pelotón de fusilamiento. La actividad represiva era aterradora y dado que la situación en Don Benito se hacia insostenible, pues habían ayudado a alguno de sus compañeros a pasarse a Zona Nacional y estaban bajo el punto de mira de los comisarios políticos y superiores. Mi abuelo tenía que tomar una decisión drástica, huir con ellos y desertar dejando a su mujer embarazada o quedarse en «Zona Roja» con el peligro que ello conllevaba. El día 25 de de marzo de 1938, llegaron al sector de Peraleda del Zaucejo (Badajoz), el mismo día 29 de marzo de 1938, Emilio Quesada Martínez y Antonio Treviño Treviño, se evaden a la «Zona Nacional», la hoja de servicios de Emilio Quesada Martínez expresa «presentándose sobre las 22.00 horas al Jefe que mandaba la posición denominada cerro del Madrino sito en las proximidades de Granja de Torrehermosa (Badajoz) siendo seguidamente trasladado a dicho pueblo a disposición del Comadante Militar…».
«Kiko» optó por lo opción más temeraria, quedarse en Don Benito. A la mañana siguiente de aquella evasión (sus amigos como hemos visto habían volado, pasándose a los nacionales). Sus superiores le interrogaron cruelmente por si había conocido la intención de sus compañeros. No soltó ni una sola palabra, su honor y amistad se lo impedían, hasta el punto que tuvo que ir nuevamente al hospital. Esta vez no fue el paludismo, ni la neumonía, sino la paliza que le dieron. Se le incoo expediente y el 18 de abril de 1938, aun convaleciente en el hospital, se le comunica verbalmente orden de detención, que no se realizó por encontrarse malherido. Al mismo tiempo le comunican que había sido separado del Cuerpo por desafecto al «Régimen Marxista».
Se ordenó su baja por conveniencias del servicio «Vista la propuesta relativa al Cabo de la 44ª Compañía de la 12ª Brigada, D. Francisco Núñez Trejo al ser acusado en unión de otros de desafecto al Régimen, denuncia que no era gratuita, puesto que en ella se oyó al parecer de todo el personal de la Unidad, a consecuencia de lo cual el Jefe de la 12ª Brigada propuso su baja en el cuerpo y la suspensión temporal del percibo de sus haberes... ordenando al Jefe de la Brigada que informe si entiende en los hechos algún Tribunal Militar o Especial firmado en Barcelona a 15 de septiembre de 1938». Durante aquel periodo mi abuelo y abuela tienen que vivir de las colectas que hacían entre sus compañeros a escondida, pues no cobraba ni una perra chica.
Aún cuando en el informe definitivo se expresa, la reposición «del tal Núñez» a su empleo de Cabo en la 44ª Compañía del 11º Grupo de Asalto, una vez emitido informe favorable, él no conocería aquella noticia, pues temiendo lo peor por su vida, y ayudado por su suegro José Mures Domínguez (que era panadero), salió del hospital, la noche del 17 de julio de 1938. Su suegro lo esconde en un carro que utilizaba para llevar harina desde la Industria Electro Harinera Panificadora a la panadería (aún con riesgo de su propia vida, pues de ser descubierto hubiese sido ejecutado, anteriormente ya había sacado de esta manera a un sacerdote de Don Benito) y lo trasladó a la fábrica de harina de «Arroyo del Campo», en cuyo lugar y protegido por sus suegros pasa seis días, ante el temor de ser ocupado el pueblo de Don Benito, y temiendo ser descubierto y capturado por los moros, que seguro que le hubiesen rebanado el pescuezo, al comprobar que era Guardia de Asalto de la República. El día 24 de julio de 1938, emprende la huida hacia Campanario. Allí se le queda grabado uno de los momentos mas tristes de la Guerra pues al pasar por el puente de la Haba, dirección Campanario, encuentra algunos cuerpos mutilados de vecinos de Don Benito que él conocía por la actividad de su suegro, y a los que los milicianos, al huir, dieron cruel martirio hasta la agonía. Aquella visión goyesca de los desastres de la guerra, la recordará toda su vida.
La población de Don Benito que había sido receptora de miles de extremeños perseguidos por los nacionales, sufre en sus sufridas carnes una situación similar. La plaza es evacuada, unos salen para las zonas aun bajo control republicano, (Villanueva de Córdoba) los más huyeron con lo puesto hacia la «Zona Roja» de Ciudad Real, (Ballesteros, Villamayor de Calatrava, Brazatortas…). Las pobres gentes salieron en desbandada llevándose los pocos enseres de los que disponían, junto con un corazón roto en aquellas viejas maletas de cartón.
En Campanario, una Brigada de la 112ª División de Caballería del General Juan Yagüe, había tomado el pueblo. La confusión es grande. Detienen a todas las personas que venían de Don Benito, entre ellas mi abuelo, que por unos instantes es hecho prisionero, esta vez por los Nacionales, ante la confusión reinante en ese momento. Los nacionales observan tres camiones que vienen por la carretera. En un descuido de sus captores mi abuelo consigue fugarse, errando por los campos, llega hasta Siruela, el 25 de julio de 1938, donde unos vecinos le dan de comer y descansa y aunque su familia se encontraba ya a salvo por las ideas derechistas de su mujer y suegros, Don Benito ha sido reducido (este pueblo famoso por su sandías, con más de 20.000 habitantes. había caído en poder de los sublevados, el día 24 de julio de 1938). Mi abuela en la primera misa que se celebró pidió por mi abuelo «A la Virgen Santísima del Carmen 3 años de su habito, más tres de la Dolorosa, un paquete de velas a la Virgen de la Cruces, otro a la Virgen del Soterraño y al Santísimo Milagroso una misa, Don Benito a 25 de Julio de 1938».
Kiko marchó como la mayoría de sus paisanos a tierras de Ciudad Real. Llega en tren hasta la barriada de la Estación de Veredas de Brazatortas. El 28 de julio de 1938, se constituyó un Consejo Municipal, presidido por Doroteo Sánchez Pajares, Presidente del Consejo Municipal de Don Benito, en la reunión celebrada mi abuelo observa el descontrol, la descoordinación y la falta de orden y autoridad de los dirigentes. Las gentes van y vienen sin esperanza, sin corazón, errantes sin horizontes. En la sesión que se celebra tratan el problema del alojamiento y distribución de alimentos entre aquella multitud. Sin futuro, sin víveres, sin alimentos, sin medios para organizarse, sin nada. Mi abuelo oliéndose lo que se le venía encima, toma una decisión definitiva, echarse al monte hasta que termine la guerra.
Era principios de agosto de 1938, y en el valle de Alcudia, a tan solo 20 kilómetros de Puertollano, permanecerá escondido y sin darse a conocer, subsistiendo a base de la caza, higos, bellotas, prunos, albariños, acerones, jaramagos, del pan y un pedazo de queso, que le dio una vez un pastor de ovejas, durmiendo en pajares, en el chozo de un pastor del que muchos años después recordará el fuerte olor a carburo que desprendía un viejo quinqué con el que se alumbraba por las noches, y del que cogió la llama con la quemó su cédula de identidad militar republicana. Fue ésta, la última vez que lloró en la Guerra. También, a veces, durmió al cielo raso pues el verano del 38 fue muy caluroso, y así permanecerá a salvo hasta mediados de octubre de 1938.
La Guerra Civil, está dando sus últimos coletazos y mi abuelo que conocía la zona por haber servido en ella en 1937 contacta con un par de Guardias de Asalto, que el sabe que son de confianza y no le iban a delatar (este hecho libró a ese par de Guardias de Asalto de ir a la cárcel, pues mi abuelo, escribió una carta exculpatoria en la que contaba, la ayuda que le prestaron). Se traslada andando hasta Valdepeñas, donde llega el día 29 de octubre de 1938 y escondido en un zulo en el «doblao» de la casa de uno de esos Guardia de Asalto, que era natural de Brazatortas, pasó los lluviosos meses de Noviembre y Diciembre (la Navidad de 1938 es muy triste, pues desconoce la situación de su mujer e hijo Antonio). Sus compañeros le van informando de la guerra, y de como van cayendo los últimos bastiones republicanos.
Las divisiones nº 12, 13 y 105 del ejercito nacional entran en Valdepeñas el día 20 de marzo de 1939, al mando del Comandante moro, Mohamed Beb Mizzian bel Kasem. Ante tal circunstancia mi abuelo salió de su escondrijo y se dirigió a la población de Valdepeñas. Debió hacer muy buenas migas con la familia de su compañero, pues esté le regaló ocho monedas de plata «para que empezara una nueva vida». A fe que las aprovechó, pues era el único dinero del que dispuso en mucho tiempo para que él y su familia pudiera sobrevivir. Por el camino se encontró con unos moros, que le preguntaron a que compañía pertenecía. Les contó su odisea por los campos de Brazatortas y Valdepeñas. Les dijo que deseaba ayudar a la pacificación de la localidad. Encuadrado en las milicias de la Falange locales, quedó prestando servicios de vigilancia de la población (fueron los únicos diez días que sirvió en el Ejército Nacional) el día 1 de abril terminó por fin la maldita «Guerra de Liberación», en la plaza mayor forma la tropa. Después de cantar el cara al sol, con el brazo extendido, el Comandante Mizzian, lee el siguiente y famoso comunicado de Franco «En el día hoy, cautivo y desarmado el ejercito Rojo, han alcanzado las fuerzas Nacionales, sus últimos objetivos militares, la Guerra ha terminado» todo el mundo se lanzó a la calle y estalló en aplausos, se oía el repicar de las campanas, las gentes gritaban «Franco, Franco, Franco».
La alegría embargó el corazón de mi abuelo. Por fin aquella asquerosa Guerra había acabado. Sacó de su talega, su petaca de cuero con un paquete de Picado Fino Superior. Se lió el pitillo, y se fumó aquel cigarro, como si fuera el último de su vida (este vicio le acompaño hasta sus últimos días). Por fin se reuniría con su familia, con sus padres y suegros, a los que tanto quería. Como dicen que la alegría dura poco en casa de los pobres, y la desgracia es compañera inseparable de los humildes, como era de prever, después de tres años en «Zona Roja», queda sujeto a información depurativa prevista en la Ley de la Jefatura del Estado de 10 de febrero de 1939. Este Guardia de Asalto lo único que hizo fue obedecer y respetar el orden establecido por la República. A parte de regatearle el ascenso a Cabo y su sueldo durante año y medio, ahora le pagarán tan sólo el ochenta por ciento del mismo hasta que se instruya definitivamente el expediente depurativo.
El 15 de abril de 1939 lo trasladan a incorporarse a la Jefatura del 11º Grupo de Seguridad y Asalto de Badajoz, a la que pertenecía con anterioridad «al Glorioso Movimiento Nacional», se le instruyó un expediente en el que tiene que demostrar su conducta y actuación con respecto al alzamiento nacional. Aportó los siguientes testimonios de las fuerzas vivas de aquella época. El primero era del Jefe local de la Falange de Barcarrota, don Rubén Hernández Ortiz, que textualmente dice: «Certifico según los datos y referencias obtenidos por distintos conductos, el vecino de esta Villa Francisco Núñez Trejo, ingresó en el cuerpo de Guardia de Asalto en el mes de noviembre de 1934; hasta esta fecha en que dejó de residir en esta plaza, observó buena conducta moral y no se sabe que perteneciera a ningún partido político. Y para que así conste expido la presente en Barcarrota a 16/04/1939. Año de la Victoria».
El segundo era del Alcalde Presidente de la Comisión Gestora de Barcarrota don Román Fernández Álvarez, que textualmente dice «Certifico que según los antecedentes obrantes en ésta Alcaldía, Francisco Núñez Trejo, Natural de ésta Villa, hijo de Antonio y de Sofía Anastasia, durante su residencia en esta población antes de 1934, en que ingresó en el cuerpo de Guardias de Asalto, observó buena conducta.... y para que conste a petición del interesado, pongo la presente en Barcarrota a 17 de abril de 1939. Año de la Victoria».
El tercero del Párroco-Vicario de la Parroquia de Santiago Apóstol de Barcarrota, don Francisco Gómez Quintana, que textualmente dice: «Certifico que Francisco Núñez Trejo, de treinta años de edad, natural de esta Villa, hijo legitimo de Antonio y de Sofía. Actualmente Guardia de Asalto, hasta su ingreso en dicho cuerpo que tuvo lugar en el año 1934, había observado una conducta cristiana, no estando afiliado a ningún partido marxista, siendo sus padres muy honrados... y para que conste extiendo el presente certificado que firmo y sello con el de esta parroquia en Barcarrota a 16 de abril de 1939».
El cuarto, del vecino de Don Benito, el señor Eulogio García Domínguez de 54 años, con domicilio en Arroyo del Campo, «Fabrica» que textualmente dice: «Certifico que Francisco Núñez Trejo, Cabo de la Guardia de Asalto, observó durante el tiempo que vivió en mi casa una conducta derechista intachable, como lo demuestra (a pesar del peligro que corríamos) no reunirse nada más que con los elementos de derechas de esta fábrica a los cuales nos comunicaba cuantos avances tenían nuestras gloriosas tropas nacionales, consultando el mapa de España con el mayor interés de mostrarnos, su satisfacción por la victoria que tenían. Además por confidencias referidas ante mí, por compañeros suyos sé que fue perseguido y encarcelado, destituyéndolo del cuerpo por creerle cómplice de todos los Guardias de Asalto que se pasaban del «Campo Rojo» al Nacional. Y para que así conste y surta los oportunos efectos ante su superioridad, firmo la presente en Don Benito a 15 de mayo de 1939. III Año de la Victoria».
También fueron oídos más de 100 Guardias de Asalto de la plantilla de Badajoz, sujetos a depuración, que declararon a favor de mi abuelo. De aquella asquerosa Guerra, tan sólo guarda dos buenos recuerdos: «Que salió vivo, para contarlo», y «la ayuda sincera que le prestó la familia de Brazatortas que le tuvo escondido y que le regaló ocho monedas de plata para que empezara una nueva vida». Mientras se instruye el citado expediente, por la Ley de 23 de septiembre de 1939 (Boletín Oficial del Estado nº 269) se creó la Inspección General de la Policía Armada y de tráfico, de cuyo organismo dependerán los antiguos Cuerpos de Seguridad y Asalto y de vigilante de Caminos. Con fecha de 20 de diciembre de 1939, se le conceden cinco días de permiso para contraer nuevamente matrimonio con mi abuela Carmen Mures Rosas, cuyo enlace tuvo lugar en la Parroquia de Santiago Apóstol de Barcarrota el día 22 de diciembre de 1939.
Aún sujeto a información depurativa, en 1940 realiza cuantos actos de servicio le son encomendados. Leyendo el ABC día 23 de abril de 1940, en la página 13 de la edición de la tarde, descubre el siguiente articulo: «ACTUACION DEL GOBIERNO, se amplían los beneficios del decreto de 25 de Agosto de 1939, para reparar las consecuencias que en el orden económico sufrieron algunos funcionarios que por sus ideas antimarxistas fueron perseguidos por el Gobierno Rojo, la Presidencia del Gobierno, de acuerdo con lo informado por el Ministerio de Hacienda, ha dispuesto, con carácter general, que se consideran comprendidos en el articulo 1º del decreto de 25/08/1939, todos aquellos funcionarios públicos que dejaron de percibir sus sueldos o remuneraciones únicas, después del 18 de julio de 1936 a causa de desafección al Régimen Marxista, sin que después fueran readmitidos... por separados del servicio y. la privación de haberes tuviera fines persecutorios por la ideología, conducta del interesado, reveladores de su afección al Glorioso Movimiento Nacional». Por tal motivo, mi abuelo, el 22 de septiembre de 1939, elevaba una declaración jurada al Excelentísimo Señor Ministro de la Gobernación en Madrid, en el que hace constar sus peripecia por la «Zona Roja», y por supuesto la privación de sueldo desde 12 de abril de 1938 a primero de mayo de 1939.También conoce del asunto el que fuera Sargento del Cuerpo de Seguridad, pagador-habilitado del 11 Grupo de Asalto, en «Zona Roja» don Diego Sánchez Cáceres, internado en la cárcel de Aranjuez y sujeto a depuración que certifica bajo su responsabilidad lo siguiente: «Que siendo habilitado del 11º Grupo de Asalto en la Zona últimamente liberada por el Tercio, el Guardia Francisco Núñez Trejo, que fue separado en el mes de abril de 1938, hubo percibido sus haberes íntegros hasta el citado mes de abril». Hasta 1952 no le fue abonado dicho dinero fecha en el que se le reconocerá, a todos los efectos, el tiempo de permanencia en lo que denomino «Zona Roja».
Mientras tanto, el 1 de mayo de 1940, entre penas y alegrías en Don Benito nacerá una nueva hija, mi madre Pepi Núñez Mures. Gracias a ella pude escribir esta pequeña biografía de mi abuelo. Y llegó la posguerra y con ella la cartilla de racionamiento y el estraperlo, el hambre inundó las casas de aquellos extremeños y pasaron unos meses horrorosos de penalidades y hambre.
El 6 de junio de 1941, el Sr. Comandante Jefe de la 2ª Comandancia de la Policía Armada en escrito nº 116, le dice lo siguiente: «El Ilmo. Sr. Teniente Coronel Encargado del despacho de la instrucción General de este cuerpo en escrito nº 9.921, sección 5ª de fecha 30 de mayo 1941: por haber quedado comprobado en las diligencias depurativas instruida en la Plantilla de Badajoz, a los Guardias que al respaldo se relacionan, su buena conducta y actuación, con respecto al Movimiento Nacional durante su permanencia en la que fue Zona Roja, el Excmo. Director General de Seguridad. Ha tenido a bien decretar con fecha de 27 de junio de 1941 su reingreso en el Cuerpo sin sanción de los mencionados Guardias… Badajoz a 6 de junio de 1941 El Capitán Jefe de la 16 Compañía de Ametralladoras de la Policía Armada Francisco Dueñas Heredia (rubricado) Vº Bº El Comandante Jefe Jaime García Gomara, rubricado lo que traslado a Vd., para su conocimiento… debiendo causar alta en esta Unidad de su digno mando con fecha de 27 de junio de 1941».
La salud de mi abuelo empeoró y por las penalidades que pasó en la Guerra, fue dado de baja en varias ocasiones, una veces era el reuma, otras enfriamientos y catarros. En fin un montón de sufrimientos que mermaron el ánimo de Kiko. Y haciendo el camino como dijo el poeta, llegamos a marzo de 1941, por ley de 8 de marzo de 1941, se crea el cuerpo de Policía Armada y de Tráfico, dando al nuevo cuerpo carácter y organización militar quedando sujetos sus integrantes al código castrense. Mi abuelo se traslada de Don Benito a Badajoz. Se acomoda en una casa sita en la calle Gómez de Tordolla, nº 1, del Barrio de San Roque, (la casa chica que llamaba mi madre) sin más novedad que el nacimiento de otra hija, mi tía Pilar y prestando servicios de su clase hasta 1945.
Ese año junto, con el resto de su compañía y bajo las órdenes del Capitán de la Policía Armada Juan Sierra Gil, emprendió la marcha hacia Huesca y Lérida, llegando el día 23 de abril de 1945. Tenía como objetivo relevar fuerzas de la 13ª Compañía móvil. En la zona pirenaica se habían establecido más de 12.000 maquis que iban y venían de Francia. Había acabado la segunda Guerra Mundial y ante el temor de una posible invasión, son desplazados a la zona, efectivos de la Policía Armada. Su misión era reforzar la vigilancia de la línea fronteriza ante la falta de efectivos de fuerzas de Carabineros y control de los huidos, así mismo como fuerza cívico-militar que pudiera oponerse a los «rojos» asilados en el Pirineo Francés y grupos de insurgentes franceses con propósitos de crear el caos en aquella frontera. Mi abuelo y sus compañeros se agrupan en un destacamento, prestando servicios de reconocimiento e información por la sierra pirenaica. Son habituales los cacheos y exigen la documentación a los paisanos y controlan los movimientos de personas sospechosas. Se despliegan en primer lugar por el sector oscense pirenaico, en los pueblos de Ayerbe, Gurrea de Gállego, Santa María y la Pecía hasta el 15 de agosto de 1945 que es trasladado al Sector de Lérida en las poblaciones de Balaguer, Artesa de Segre, Cervera y la propia capital leridana.
El Excelentísimo señor Director General de Seguridad, en Orden de 12 de julio de 1946 concede la recompensa de «Felicitación Pública» al personal de la 13ª Compañía móvil de Badajoz por su destacadas acciones en la lucha contra los maquis, en la frontera pirenaica, siendo extensiva esta felicitación a mi abuelo. El día 12 de Agosto de 1946 termina su odisea por los Pirineos y emprende la vuelta a Badajoz Fue su última acción de guerra.
El 11 de febrero de 1952 nació en Badajoz su último hijo, Francisco. Así termina la historia de mi abuelo, durante la Guerra Civil y Posguerra.La Guerra Civil le marcó toda su vida, y el miedo a las represalias por su participación en el bando Republicano, hizo que nunca reclamara sus derechos (por ejemplo el ascenso a Cabo). De hecho tan sólo obtuvo una victoria, fue la más bonita, «salir vivo de aquella maldita Guerra».
Una última nota. Mi abuelo causó baja en la Policía Armada por cumplimiento de edad el día 3 de abril de 1965 y falleció en Badajoz el día 16 de Diciembre de 1974, por lo que el pobre tampoco conoció el advenimiento de la democracia. A continuación, como epílogo, expongo dos testimonios que reflejan quién fue mi abuelo:
El primero del Comisario Secretario General Regional de Badajoz Don José Antonio Carretero Vega (Badajoz, 21 de octubre de 1998): «No solo por lo que dice su hoja de Servicios, sino por el trato directo que como niño tuve con tu abuelo, te digo que era una persona buena y encantadora...».
El segundo, del Policía Nacional destinado en Sevilla Felipe Aliseda Mures, sobrino de mi abuelo (Sevilla, 28 de febrero de 2004): «Sobre tu abuelo solo tengo para él, palabras de admiración, cariño y respeto, era un hombre en el más amplio sentido de la palabra; cuando iba a Badajoz sentía que me trataba como a un hijo. Estaba magníficamente considerado y respetado por todos sus superiores, y el entonces Teniente Coronel Jefe de la Circunscripción de Badajoz sentía especial afecto por él, pues tenía una inmaculada hoja de servicios».