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jueves, 28 de enero de 2010

Hace 199 años: Un documento para la Historia de Badajoz y de Extremadura


En 1811, en plena Guerra de la Independencia, la ciudad de Badajoz estaba sitiada por los franceses. Sin duda alguna, la plaza resistió hasta que unos meses después las tropas francesas doblegaron la resistencia interior por un duro sitio. Se imprimieron proclamas y arengas llamando a seguir en la lucha. Ésta en particular está firmada por el General Gabriel de Mendizábal y decía:
«Habitantes de Badajoz.
«Soldados: Con todos hablo. Me parece que no podré añadir, aunque quiera, nada que pueda aumentar el fuego de vuestro patriotismo y de vuestro heroico valor; el enemigo ha sido repetidas veces testigo y espectador de vuestras acciones y ha quedado lleno de asombro.
«La fatal y no esperada rendición de la Plaza de Olivenza no debe afligir a las almas grandes que son superiores a todo, ¿y por ventura necesita esta Plaza de aquélla para defenderse?
«Extremeños: Mi pecho y mi constancia será otra invencible muralla que se opondrá con gusto al poder del enemigo; nuestros recursos son ilimitados, las tropas de nuestros ejércitos en disposición de combatir cuando se las mande y convenga, ¿qué circunstancia más pudiera apetecerse?
«Conservando en vuestros corazones una noble confianza en los Jefes que os dirigen, éstos sabrán encaminaros al templo de la fama y hacer de Badajoz otra segunda Zaragoza. Badajoz, y enero, 29 de 1811. Gabriel de Mendizábal».
En la Defensa de Badajoz también intervino el General Rafael Menacho, muerto por el fuego enemigo en las murallas de Badajoz el 11 de marzo de 1811. Al poco tiempo, los franceses penetraron en la ciudad. En el libro de Sánchez del Arco El sur de España en la reconquista de Madrid, se hace la siguiente comparación: «Badajoz, 1811, Menacho. Badajoz, 1936, Puigdengolas. Menacho murió sobre las murallas inexpugnables; Puigdengolas huyó a Portugal». Esa es la diferencia entre la cobardía de los «defensores de la República» en 1936 y los defensores de España en 1808 a 1814 frente al francés. Unos resistieron meses y otros sucumbieron en pocas horas.