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sábado, 20 de junio de 2009

El Pilar de la Reverencia de Monesterio











Es frecuente que el paso de los años oculte en una nebulosa el origen de los monumentos. Ese transcurso del tiempo crea la imagen y la sensación de haber permanecido eternamente ahí. Esto ocurre con el Pilar de la Reverencia. Siempre ha estado ahí, se piensa... Hoy cumple casi una función decorativa, pero durante más sesenta años tuvo una misión social muy importante. Su construcción significó en gran medida un esfuerzo municipal por dotar de un nuevo surtidor de agua potable al vecindario.
Se erigió en una época en la que no existía todavía una red domiciliaria de agua. Por eso, es trascendente el conocimiento de los orígenes de esta obra, y su alcance social durante más de medio siglo, hasta terminar siendo casi un elemento decorativo. Al comenzar el siglo XX las fuentes y pilares públicos eran insuficientes para el abastecimiento de la localidad. El aumento de la población y la inexistencia de una red domiciliaria -excepto los pozos que existían en muchos corrales- concluyeron con la traída de aguas y la construcción de un nuevo pilar. Éste serviría tanto para surtir de agua potable como de abrevadero para las caballerías.
Esa necesidad de agua potable en periodos estivales, e incluso en años de sequía, provocó largas colas de muchachas que esperaron con paciencia su turno para llenar los cántaros. A finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, el Ayuntamiento contrató a un vecino que daba números para poder coger agua en el Pilar de la Reverencia. Se llamaba Manuel Garrote Villalba. De tal manera se desbordó esta situación, que el mismo consistorio encargó en 1949 un estudio geológico e hidráulico. Éste fue realizado por Alfonso Cuartero en la zona de “El Robledillo” para aumentar el caudal de las fuentes públicas.
En 1911 el Ayuntamiento decidió sacar a subasta las obras necesarias para recoger las aguas, y su conducción, desde el sitio conocido por «El Borbollón». Este proyecto fue estudiado por una comisión compuesta por los entonces concejales Plácido Hernández Marín, Eloy Rodríguez García, Victoriano Hidalgo Garrote y José Sayago Hidalgo, y estaba asesorada por el maestro albañil Baldomero Mejías Cantillo. Esta comisión se constituyó el 15 de junio de 1911 y estuvo encargada de reconocer el terreno por el que tenía que pasar la tubería, y de redactar la memoria y presupuesto de gastos de esta obra. Además, en esta fase se proyectó la construcción de un depósito.
En la sesión plenaria del 16 de julio de 1911 se hizo público el pliego de condiciones para la subasta de esas obras. Éstas fueron presupuestadas en 10.000 pesetas. Esta cantidad fue fijada como tipo que sirvió para llevar a cabo el concurso. El contratista tendría un plazo de tres meses para ejecutar las obras. Éstas, según la condición octava, iban a consistir en:
«En la construcción de un depósito al sitio del “Borbollón”, o sea, en el nacimiento de las aguas, buscando la reunión de las mismas, dándole la capacidad necesaria y una nueva cañería en un trayecto de mil doscientos metros, consistente en atenores de barro cocido y vidriado de once centímetros de diámetro en el enchufe con buena mezcla de cal, supliendo con argamasa y ladrillo el firme que le falte, y cogiendo las juntas de los atenores con cemento.
«En colocar diez registros hidráulicos a una distancia de unos cien metros, de unos a otros, y en que a la terminación de la tubería, frente a una alberca que existe en la finca de D. José Manzano Álvarez, se construya otro depósito de cabida de cien metros cúbicos, que dando la mitad de él en el subsuelo, y la otra mitad encima de la superficie, por dentro con ladrillo y cemento, y por fuera con mampostería de piedra y cal correspondiente, e introducir las aguas que de él se deriven en la cañería existente en la actualidad que las conducirá al Pilar del Tejar».
Tras el anuncio de la subasta -tal como marcaban las leyes vigentes entonces- se celebró el remate el 2 de septiembre de 1911. Se adjudicaron las obras a un único postor llamado Teodoro Mas López. Éste no pudo cumplir los plazos estipulados en las bases. Alegó que “las pertinaces lluvias y el temporal reinante, le hacía imposible terminarlas en el plazo que se le tenía determinado”. El pleno, el 10 de diciembre de ese año, decidió que “teniendo en cuenta que la causa que motiva el incumplimiento de una de las cláusulas del pliego de condiciones, que sirvió de base para la subasta, es de fuerza mayor, acordó por unanimidad concederle un plazo de tres meses”.
Terminadas las obras de la primera fase, se sacó a licitación la construcción de un pilar en el sitio de «La Reverencia», en la intercesión de las calles Gallego Paz, Tentudía y Real [hoy Paseo de Extremadura]. Se surtiría de aguas a través de una canalización de atenores que partiría del depósito construido al lado del camino de Cala. Esta tubería se extendería por el campo y no por el núcleo urbano. La comisión compuesta por los mismos concejales citados quedó encargada de reconocer el terreno y de confeccionar la correspondiente memoria de gastos y pliego de condiciones.
El 7 de julio de 1912 la comisión informó al Pleno de las bases para la traída de aguas a la población y la construcción de un pilar en «La Reverencia». Esta obra se planeó sobre la marcha, pues en principio el depósito del camino de Cala iba a ser destinado como refuerzo al abastecimiento del Pilar del Llano. El importe total de estas obras era el de 5.000 pesetas. La condición octava del pliego explicaba el proyecto ideado por la comisión:
«Consistirá la obra en la construcción de una cañería que parta del depósito edificado frente al camino de Cala, y conduzca las aguas hasta el pilar que se ha de construir al sitio de “La Reverencia”, la tubería será de atenores cocidos y vidriados por dentro, de once centímetros de ancho en el enchufe con buena mezcla de cal, supliendo con argamasa y ladrillos el firme, que le falte y cogiendo la junta de los atenores con cemento en un recorrido de setecientos metros.
«El pilar que se ha de edificar ha de tener por fuera de largo trece metros y de ancho dos metros treinta y cinco centímetros, construido con piedra labrada de la Alconera en la parte que ha de contener el agua, y la base con piedra de paramento, la junta de la piedra de paramento irá encintada con cemento. Además, contendrá este pilar un pedestal de piedra, el cual tendrá de espesor un metro cuadrado que llevará de altura de piedra labrada de dos metros, más un metro cincuenta centímetros de ladrillo especial para ello, y dos caños de bronce».
Además, en esa misma sesión los concejales acordaron pedir autorización al Gobernador Civil para que cruzara por «la Carretera del Estado de Cuesta de Castilleja a Badajoz» la tubería del pilar. Esta conducción estaría construida con ladrillo y cemento de seis pulgadas por cada lado de grueso. Además, el pilar se erigiría a cinco metros de la carretera, teniendo como referencia el punto menos distante. Por otra parte, el 25 de agosto, el Ayuntamiento acordó comprar a Feliciano Riscos Ortiz el terreno colindante al depósito de aguas. En el acuerdo, copiado literalmente a continuación, dejaron en blanco tanto la extensión:
«Acto seguido, participó a la corporación el señor Alcalde [Felipe Sayago Romero], que previa la tasación correspondiente por perito competentes tenía contratado con el vecino Feliciano Riscos Ortiz la compra de una porción de terreno de su propiedad al sitio de “Las Espeñas” cuya extensión superficial es de [en blanco] metros cuadrados, el cual se haya enclavado el depósito de las aguas del “Borbollón”, y el Ayuntamiento, previa discusión, y por unanimidad, acordó aprobar dicha compra, y que se abone su importe de quinientas pesetas con cargo al capítulo de imprevistos».
También fueron adjudicadas estas obras al constructor Teodoro Mas. El acto de la licitación pública se realizó el 22 de agosto. El 2 de marzo de 1913, concluido el pilar, el Ayuntamiento dispuso el arreglo de los alrededores del pilar con un empedrado para dejar concluida definitivamente la obra.
No siempre el Pilar de la Reverencia ha tenido el aspecto que hoy posee. En los años setenta, el Alcalde José Villalba González decidió desmantelar el pilar. La excusa que puso fue “la de estar la mayor parte del tiempo sin agua”. Esta medida fue tomada sin consenso, y unos años después, en 1978, los mismos concejales que él había tenido hasta 1975 decidieron reconstruirlo. El nuevo pilar no sería igual. Algunas piedras de mármol de Alconera -que estaban depositadas en “Las Moreras”- habían sido sustraídas por algunos vecinos. Muchas fueron recuperadas. El acuerdo preliminar, del 8 de marzo de 1978, dice:
«Como actualmente se están haciendo obras en la Avenida de Ramón y Cajal, el señor Alcalde [Manuel Giraldo Carretero] informa de la necesidad de reparar el pilar existente en esta vía. Tras una amplia deliberación, los señores reunidos acuerdan nombrar una comisión compuesta por los concejales Donaire, Espacio y Calderón para que con el Maestro de Obras de este Ayuntamiento se lleve a efecto el adecentamiento de este pilar. E igualmente se construya el otro que existía en la Carretera General conocido por “El Pilar de la Reverencia”, y cuyas piedras están depositadas en el sitio “Las Moreras”; que se gire por esta comisión visita a referidos pilones, y una vez realizadas, el Maestro de Obras formule el correspondiente presupuesto».
En la sesión siguiente, celebrada el 28 de marzo, se dio cuenta del presupuesto para esa obra. Literalmente se expuso lo siguiente:
«Seguidamente se conoce por el pleno el presupuesto para la reconstrucción del Pilar de la Calle del General Franco [hoy Paseo de Extremadura], popularmente conocido de “La Reverencia”, presenta el Maestro de Obras de la Villa, don Teófilo González Granadero, y cuyos conceptos son los siguientes: Acarreo de piedra labrada, 2.000 pesetas; Acarreo de 20 m3 de piedra para hacer bancada, 5.000 pesetas; 10 m3 de grava a 425, 4.250 pesetas; 10 m3 de arena a 425, 4.250 pesetas; 60 sacos de cemento a 175, 10.500 pesetas; 1 collarín de toma de 31/4, 375 pesetas; 4 m l de tubos galvanizados de 31/4 a 100, 400 pesetas; 2 grifos de 31/4 a 300 pesetas, 600 pesetas; 1 llave de paso de 31/4 con puerta, 350 pesetas; unas piezas especiales que puedan surgir para el acoplamiento, 1.000 pesetas. Total, 32.725. A continuación, y en el mismo folio, en que se vierten las cantidades relacionadas, el señor Maestro de Obras hace la salvedad de que se trata de presupuesto sin mano de obra, y suponiendo que el abastecimiento y desagüe llegue al sitio de la reconstrucción del pilar. Se aprueba».
En 1980 se retomó de nuevo el proyecto de reconstrucción de este monumento. En ese momento se idearon algunos cambios sustanciales. Decidieron que el monolito no fuese de mampostería, sino de mármol blanco de Alconera. Además, se dispuso la realización de un medio relieve con el escudo del pueblo. Este trabajo fue encargado a un cantero que trabajaba en Calera de León llamado Eustaquio Mejías. El presupuesto fue aprobado por la Comisión Municipal Permanente el 19 de noviembre de 1980, y por Pleno el 24 de ese mismo mes y año. El monolito costó 97.500 pesetas y el relieve del escudo 115.000. Culmina el monolito una piedra que estaba en el pilar originario y que tiene inscrita la fecha de su construcción (1912) y la de su reconstrucción (1981).