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miércoles, 21 de enero de 2009

Un sencillo homenaje

El mismo día que me marché de Monesterio me enteré de una luctuosa noticia: La muerte de Juan Martínez Riscos, conocido popularmente como «Juanito el Músico». Aunque contaba con 93 años, y lo conocí ya muy mayor, ciertamente era una persona excepcional y de mucha valía. Hace unos años comenzó a redactar unas memorias, testimonio de su vida, en fin, un excepcional legado que iba a dejar a sus descendientes según me manifestó en numerosas ocasiones. Para ello se ponía delante de un ordenador y cuando le llegaba a la memoria un hecho, inmediatamente lo plasmaba. Aunque su padre era natural de Cabeza la Vaca, su madre era natural de Monesterio. Desde joven se dedicó al arte de la zapatería (hacer zapatos tenía su aquél) y de zapatería en zapatería, en una coincidió con mi abuelo materno (Antonio Lancharro Pecellín). Fue en el taller del zapatero José Calderón Luján, frente al Pilarino.
En la década de 1930 formó parte de la primera Banda de Música de Monesterio, primero como aspirante y más tarde como integrante de «pleno derecho», así lo podríamos decir. En esos años el maestro de la música, Juan Parra Caeiro creó una orquestina con algunos miembros de la banda, llamada «Kabahol». Por discordancia entre los miembros de ésta en los años cuarenta se formó otra orquesta que la lideró Juan Martínez Riscos. Con el paso de los años esa orquesta dio lugar al grupo musical «Los Riscos» que grabó incluso discos.
Cuando le visitaba siempre tenía en un papel apuntado las cosas que me tenía que preguntar, siempre era concretar nombres o apellidos de personas del pasado que le venía a la memoria. Como dispongo de una buena base de datos no era tarea difícil localizarlos. Yo también le preguntaba sobre hechos o sobre cualquier otra cuestión pertinente. El caso es que a los dos nos movía la curiosidad de saber. Por eso no olvidaré los muchos diálogos que mantuvimos. Una de las últimas veces que le vi fue para regalarle un ejemplar de mi libro. Tengo la satisfacción de que lo haya visto, que lo haya tenido en sus manos, e incluso de leerlo. De leerlo con mucha dificultad y con una lupa, porque últimamente la vista le fallaba mucho.
Hay algo que me pesa un poco y era el de haber comentado unos documentos que he hallado recientemente sobre un hecho que me refirió en muchas ocasiones. Era sobre una disputa de dos jóvenes que hubo en 1930 en un bar que había en la calle Templarios llamado «El Trigémino». Aquéllos se retaron a un duelo de pedradas y una causó la muerte de uno de los contendientes.
Encabeza este sencillo homenaje una fotografía una procesión de San Isidro Labrador de Monesterio, de hace muchos años. La verdad es que Juanito (con los platillos) está prácticamente igual que cuando lo conocí. Juanito quedará en la memoria de todos.