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lunes, 27 de octubre de 2008


En mi última participación en las IX Jornadas de Historia de Llerena, esta edición Congreso Internacional de la Guerra de la Independencia en Extremadura he vuelto a participar. Este año mi comunicación llevó por título «La nonata Villa de la Paz. El intento de fundación de una población estable en el Baldío de Calilla en 1795». La comunicación completa, con todo el aparato crítico establecido en las notas a pie de página se publicará el próximo año. Sin embargo, en aras de la difusión de una parte de su contenido, muestro a continuación el texto que me sirvió de exposición durante mi intervención:

Al comienzo de la Guerra de la Independencia, en concreto el 25 de septiembre de 1808, la Junta Suprema del Reino otorgó el título de «Conde de Casa Chaves» al natural y vecino de Fuente de Cantos José Mauricio de Chaves y Mendoza, Alguacil Mayor del Santo Oficio y Caballero pensionado de Carlos III. No en vano, ésta era una vieja aspiración de Chaves que él mismo plasmó en un extenso memorial fechado el 15 de septiembre de 1795, dirigido al Rey Carlos IV y tramitado en la entonces recientemente creada Real Audiencia de Extremadura, con sede en Cáceres.
La iniciativa de Chaves y Mendoza de 1795, encaminada a la cesión de diez mil fanegas de tierra en el Baldío de Calilla, propiedad de los vecinos de las «Cinco Villas Hermanas» (Fuente de Cantos, Calzadilla, Medina de las Torres, Montemolín y Monesterio) se dirigía a la creación de una nueva población. Según Chaves, su iniciativa transformaría esa extensión de tierra inculta en cultivable, y así enriquecer la economía del Reino.
Ya un año antes, en 1794, Chaves y Mendoza había hecho una similar pretensión, encauzada solamente en la reducción a cultivo de diez mil fanegas de tierra, en conformidad con el Real Decreto de 28 de abril de 1793. Para «agilizar» los trámites, José de Chaves ofreció a Carlos IV 750.000 reales para los gastos de la guerra contra Francia, el abastecimiento de pan a la villa de Fuente de Cantos durante un año, «un cuarto más barato que el ordinario», y satisfacer el canon correspondiente a los Propios.
José de Chaves y Mendoza mejoró su propuesta inicial añadiendo la posibilidad de creación de una población en un extremo del «Baldío de Calilla». Las condiciones que planteó Chaves y Mendoza eran «conformes a los fueros y reglas de las modernas poblaciones del Reino». Iba a ser erigida en el Puente del Helechoso, situado cerca de la «Venta de los Conejos», en el actual término municipal de Monesterio. La justificación del lugar era que en la época era habitual el establecimiento de nuevas villas junto a los puentes.
En ese tiempo se habían construido varias alcantarillas entre Santa Olalla del Cala y Monesterio: La mayor era la fabricada sobre la «Rivera de Cala» de seis ojos, construida en tiempos de Carlos IV. Le seguía en envergadura la del «Helechoso» y por último la del «Culebrín», conocida también como «El Pontón». José de Chaves propuso la del «Helechoso», por ser equidistante a ambas poblaciones. Las condiciones de fundación de esta villa (que se llamaría Villa de la Paz, en recuerdo a la Paz de Basilea de 1795 que puso fin a la guerra de España contra Francia) eran las siguientes:
Construcción de un casco urbano, a costa del promotor, compuesto inicialmente de veinticinco edificios. 18 serían las primeras viviendas para los colonos de 14 varas de frente (unos 12 metros) y 6 varas de altura (equivalente a 5 metros aproximadamente). La planta baja sería la morada de los colonos, y la alta (el conocido como doblado) el almacén de granos y aperos. Además, tendrían estas casas el correspondiente corral, pajar y caballeriza.
Debía existir además una casa mesón, de veinte varas de frente, así como la vivienda para habitación de José de Chaves y Mendoza, o quien hiciera sus veces. También se construiría el horno público y en él o separadamente la atahona para moler el grano hasta que no se fabricara el molino harinero.
Asimismo, se construiría una Iglesia de 18 varas de fondo y 18 de anchura. Tendría sacristía, campanario, vasos sagrados y demás ornamentos necesarios. En sus inmediaciones se adosaría la casa habitación del cura. Finalmente se edificaría la casa de Cabildo o Ayuntamiento, así como unas dependencias auxiliares destinadas a cárcel.
Todos estos edificios se articularían en una plaza cuadrada con cuatro bocacalles que tendrían una anchura de 10 a 12 varas. A partir de este plano se produciría el ensanche.
Esta población sería habitada por colonos, los cuales se les entregarían «graciosamente» y «por una vez dos vacas nuevas para labrar el terreno que se les señale, un arado aperado, cinco ovejas, cinco cabras, cinco gallinas, un gallo, una puerca de cría, hacha, martillo, pico y cuchillo de monte como instrumentos precisos para los desmontes y labores de sus tierras». Estos colonos serían seleccionados por José de Chaves y Mendoza de entre los vecinos de las Cinco Villas.
Alrededor del casco urbano existiría un ejido común o patinero de unas 200 fanegas para un futuro ensanche de la población. Pero que serviría hasta entonces para el apaciento de las caballerías, así como para cualquier tipo de ganado, y estar de esta forma a la vista. Además, se facultaría a los colonos para la construcción de cercas para mayor seguridad y separación de las diversas especies.
Durante el primer año, José de Chaves y Mendoza suministraría gratuitamente a los colonos su manutención, y el préstamo sin rédito de las fanegas necesarias de trigo, cebada, centeno y avena durante tres ejercicios continuos para sembrar y sostener sus labores.
Junto a la rivera del Helechoso se concedería a cada colono cuatro fanegas de tierra para hortaliza y frutales, y que se aprovecharía el caudal de dicha rivera para el riego de las mismas, mediante la construcción de gavias y acequias. También se concedería a cada colono ocho fanegas de tierra para viñas. Existiría una prohibición expresa de división de las viñas, permaneciendo siempre bajo la propiedad de un solo labrador.
Fuera del ejido se señalarían unas 500 fanegas con destino a dehesa boyal para el mantenimiento de la cabaña vacuna, lanar y de cerda en los inviernos. En caso de producirse pastos sobrantes se dejarían al aprovechamiento de los ganados de los vecinos de las Cinco Villas Hermanas.
Hasta este estado de cosas se ha comprendido la extensión de 2.464 fanegas. Las restantes, unas 6.400, las pedía para sí mismo, y para los hijos y sucesores de José de Chaves y Mendoza. Estas tierras se situaban en el sur de la hipotética población, llegando la linde hasta el reino de Andalucía, y estarían partidas por el camino real de Sevilla. Pedía asimismo el privilegio de cerrarla y adehesarla, así como el establecimiento de diezmos, y la de colocar guardas para custodia de la bellota, y la construcción de cualquier artefacto como molinos.
La localidad Monesterio era la mayor interesada en que este proyecto no saliera adelante. Al final fracasó José de Chaves. La cercanía de esa localidad a las tierras de Calilla provocaba que los vecinos de Monesterio se beneficiara más que las otras Villas Hermanas. Es más, la vida de la comunidad de pastos era una larga relación de discordias tal como ha estudiado Felipe Lorenzana recientemente. Sin embargo, existía un acuerdo antiguo (de 1577) que permitía la libertad de establecimiento en cualquier localidad de la comunidad de pastos de cualquier vecino.
El proyecto de creación de una nueva villa decayó en extensos expedientes informativos en la Real Audiencia de Extremadura. Hay en esta propuesta de finales del S. XVIII un cierto parecido con los pueblos de colonización del Plan Badajoz. Sin embargo, la finalidad era bien distinta, pues el promotor pretendía hacerse de forma con una destacada dehesa. Este hecho se convirtió en una más de las disputas por el control del apreciado Baldío de Calilla, circunstancia que ya había sido habitual en los siglos de existencia de esta comunidad de pastos