CONSIGA UN EJEMPLAR DEL LIBRO República y Guerra Civil en Monesterio, cuyo autor es A. M. Barragán-Lancharro

lunes 29 de septiembre de 2008

Una calle indigna en Monesterio

En muchos lugares se están retirando rótulos de calles por identificarse con el «franquismo». En cambio, se instalan en la nomenclatura viaria nombres de personajes que tienen tras de sí una historia criminal. Es el caso de Margarita Nelken. En la sesión plenaria del Ayuntamiento de Monesterio de 20 de julio de 2001 se acordó poner esta denominación a una calle de esta localidad. Diputada Socialista por la Provincia de Badajoz durante la II República, representó al ala más radicalizada de su opción política que relegó -en la Provincia de Badajoz, y también a nivel nacional- a los sectores del Partido Socialista que abogaban por la Socialdemocracia, y no por el bolcheviquismo, corriente acaudillada también por Nelken. También hay que decir que fue denunciada a los órganos disciplinarios del Partido Socialista por criticar arduamente a sus compañeros de partido de la Federación Pacense -moderados éstos- en los mítines, en la estrategia de desplazar al ya mencionado emergente sector socialdemócrata, según se desprenden de la documentación de la Agrupación Socialista de Badajoz, depositada en la Fundación Pablo Iglesias, en Madrid.
Preparó este personaje, junto con la directiva socialista -Largo Caballero e Indalecio Prieto, y la Esquerra Republicana de Cataluña un golpe de Estado contra la República Española durante todo el año de 1934, y que estalló en forma de revolución en octubre. Fracasando esta intentona estrepitosamente, Nelken huyó a la URSS. En 1936 volvió a ser elegida Diputada y regresó a España. Hasta el comienzo de la Guerra Civil lo único que hacía en el Congreso era amenazar de muerte a los diputados de la oposición, que se llegó a cumplir en muchos casos tristemente.
De sus circunstancias en tiempos de la Guerra Civil lo va a narrar Juan García Oliver, líder anarcosindicalista y Ministro de Justicia de la República en tiempo de la Guerra, en su libro de memorias El Eco de los Pasos: el Anarcosindicalismo en la calle, en el Comité de Milicias, en el Gobierno, en el Exilio (Barcelona, Ruedo Ibérico, 1978)

[Pág. 309] «Por conducto de Ángel Galarza, Ministro de la Gobernación, había hecho pasar recado a la Nelken de que quería hablar con ella. Galarza le trasmitió el recado y me comunicó el sitio y la hora del encuentro. Ignoro si Galarza le llamaría la atención mi interés por la Nelken, pero es de suponer que sí, porque era uno de los socialistas más inteligentes y listos que conocí en aquel tiempo, y supongo que no ignoraba lo se que murmuraba sobre las actividades a que se dedicaba la Nelken y los fugaces resplandores que dejaban a su paso los núcleos de jóvenes socialistas unificados [los resplandores, claro, son las detonaciones de los fusiles en la noche, ejecutando a demócratas republicanos, que no eran bolcheviques como ella], no se sabía si por mandato de los jefes comunistas [en referencia a los Comisarios Soviéticos, mandados a España por el genocida Stalin], o porque ella quisiese imitar a los socialistas revolucionarios de izquierdas de la revolución rusa [...] [Página 310, describe su conversación con Margarita Nelken, siendo ya Ministro de Justicia García Oliver, y éste le pide que deje de asesinar] -Ah -exclamó la Nelken, ya veo que conoces los matices en que se descomponen las escuelas socialistas; Galarza me dijo por teléfono que tenías mucho interés por hablarme; te ruego que no me ofrezcas ningún cargo en tu ministerio. -Me alegra mucho [dice García Oliver] que de manera tan inteligente hayas llegado al final de cuanto tenías que hablarte; no te propondré ningún cargo; solamente vengo a rogarte que te apartes de cuanto parezca ejercicio de justicia; de hoy en adelante correré con las responsabilidades, pero sólo las mías -¿Y si no quisiera dar por enterada? [Preguntó Margarita Nelken]. -Entonces pediría en pleno Consejo de Ministros que te diesen el cargo de Ministro de Justicia y a mi el de Guerra, que seguramente encajaría mejor en nuestras personas [aseveró García Oliver]. -Sé que eres capaz de hacerlo, te aseguro que no será necesario; haré todo lo posible por ayudarte en tu difícil empresa de echarle agua a las llamas de la Revolución [habló la Nelken]. -Tú, intelectual de valía, militante socialista de desde hace muchos años, ¿crees que con vuestras andazas nocturnas estáis haciendo Revolución? [dijo García Oliver]. -Si esto no es Revolución Social [asesinar con alevosía y nocturnidad en las noches madrileñas del verano - otoño de 1936], ¿Quieres decirme qué es Revolución Social? [Dijo Nelken]. [...] [Página 310 - 311] Así como el liderismo de Ángel Pestaña en una organización revolucionaria y en perpetua conmoción le vino ancho desde el principio, por lo que terminaría en una tácita renuncia, de la misma manera la Nelken, lideresa máxima sin impulso popular, habría de dejar sin resistencia el paso libre a la ascensión de La Pasionaria. Pero, conocedora del nihilismo, del socialismo revolucionario de izquierda rusos, y del espartaquismo alemán, hizo un esfuerzo por parecerse a Spiridinova, Peroskaia y Luxemburgo, equivocando el camino al tomar el de la acción terrorista irresponsable, que empezó, según me contara ella misma, en la matanza de los derechistas detenidos en la Cárcel Modelo de Madrid, y prosiguió en aquellas noches de espanto a su manera contra el bandolerismo de la quinta columna».Acusada de asesinar a personas en Madrid por el mismo Ministro de Justicia, bueno que tenga semejante personaje una calle, pues dice mucho del señor que hizo esa propuesta. Para algunos será una demócrata y justificarán incluso sus crímenes, para otros veríamos con satisfacción que nuestros pueblos y ciudades estuvieran limpios de recuerdos de estos criminales.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

El "señor" que realizó la propuesta de dedicarle una calle a la tal "señora"no utilizaba fusiles para eliminar a sus adversarios porque las circunstancias no lo permitian.Pero sus métodos de aniquilamiento para todo aquel que no era de su cuerda dejaban idénticas heridas sangrantes.