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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Mi participación en los Coloquios Históricos de Extremadura

El 23 de septiembre de 2008 he participado por séptimo año consecutivo en los Coloquios Históricos de Extremadura. A continuación inserto el texto de la exposición que he realizado. La comunicación completa se publicará en las actas el año que viene. Ha llevado por título «Historia de la Educación en la Baja Extremadura en el primer tercio del siglo XX: El caso de Monesterio»:


Tradicionalmente, la educación había sido sostenida por los municipios. Esta circunstancia originó una precariedad secular de este servicio público. Por esta razón, y hasta muy entrado el siglo XX era frecuente la «escuela habilitada», es decir, el alojamiento en edificios no construidos para este fin.
La Educación ha sido una de las actividades públicas que más atención ha tenido desde inicios del siglo XX. Es en esos años cuando se desgajó del Ministerio de Gobernación el novedoso Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, antecedente inmediato del actual Ministerio de Educación. Del abandono secular que había estado sumida la Escuela Pública tradicionalmente, esta comunicación demostrará una clara evolución de la situación desde 1900 y la realidad efectiva en 1930.
De esta manera, crecieron los recursos humanos y también los materiales o se perfeccionaron las técnicas de la Enseñanza. Sin embargo, la Educación seguía siendo un gran problema a la altura de 1930. Era un problema porque aún no se había dotado de las suficientes estructuras para atender a la instrucción de las primeras letras a una población infantil en crecimiento. No obstante, se puede detectar el esfuerzo de la Administración Central y Local en mejorar las instalaciones durante los primeros treinta años del siglo XX. Pero el cambio se produjo durante la Dictadura de Primo de Rivera, época en la que se generalizó la construcción de grupos escolares y la dotación material y personal.
Esta investigación trata de un caso particular, el de una localidad rural del sur de Extremadura, Monesterio, pero voy a abstraer de lo particular a lo general una serie de cuestiones. Porque es una situación repetitiva en el ámbito rural en esa época. Como los datos concretos están expuestos en la comunicación ya habrá oportunidad de examinarlos más pormenorizadamente cuando se publiquen las actas.
En cuanto a las infraestructuras educativas a principios del siglo XX hay que decir que en muy pocos lugares disponían de construcciones específicamente escolares. En la mayoría de los casos eran viviendas que eran alquiladas por los ayuntamientos de particulares y que se destinaba como morada también del maestro.
Los modernos edificios escolares no tienen nada que ver con las antiguas escuelas, pequeños espacios en los que se apiñaba un número elevado de alumnos, sin las mínimas condiciones de salubridad e higiene. Eran simples habitaciones de viviendas particulares con humedad, ventanas pequeñas y sin aseos, con una simple estufa de leña -cuando existía- y braserillos individuales que llevaban los alumnos para calentarse los pies. El conflicto podía llegar cuando el propietario del inmueble vivía en el propio edificio, lo que no en pocas ocasiones podía causar roces con el maestro o con los alumnos.
En 1910, el conde de Romanones, primer ministro de Instrucción Pública en nuestro país, relataba que de un total de veinticinco mil escuelas existentes, más de diez mil se encontraban en locales alquilados, muchos de ellos colindantes con espacios destinados a otros usos públicos: cárceles, hospitales, cementerios, mataderos, cuadras, salones de baile o cafés.
Esta situación se prolongó en las primeras décadas del siglo XX, donde la figura de la «escuela habilitada» fue dando paso a las primeras construcciones escolares propiamente dichas. A comienzos de la centuria pasada, el Estado tomó preocupación en el asunto y promulgó el 28 de abril de 1905 la Instrucción técnico-higiénica que regiría las construcciones escolares.
Esta instrucción preveía en todo caso las normas en cuanto al abandono de las escuelas unitarias y la paulatina creación de escuelas graduadas. Es decir, se pasaba de las escuelas en la que existían niños de todas las edades y formación desigual a la que en las aulas existiera cierta homogeneidad. Pero además se daban las reglas necesarias en cuanto a la ventilación de los locales, extensión, la iluminación, calefacción, el mobiliario escolar, la existencia de Biblioteca popular, etc.
Ya bien entrado el siglo, ya no sólo se aprenden en las escuelas las cuatro reglas y los primeros rudimentos de la escritura y la lectura, también se desarrollan otras actividades. La gimnasia también se hace hueco entre éstas. Los materiales, especialmente las bancas bipersonales, se construyen conforme al modelo del Museo Pedagógico Escolar.
Durante la Dictadura de Primo de Rivera se generaliza por todo el país la construcción de modernos edificios escolares, dotados con novedoso material en aulas muy iluminadas y amplias. La iniciativa del proyecto corría a cabo del Ayuntamiento. Éste sufragaba la mayor parte del costo, pero si obtenía la homologación del Estado podía recibir una cuantiosa subvención. Pero el crecimiento de la población escolar supuso que estos edificios fuesen insuficientes y que permanecieran aún las escuelas habilitadas.
En cuanto al magisterio, éste pronto se tornó en insuficiente también. La figura del maestro era en el ámbito rural por lo general muy apreciada. En no pocas ocasiones los alumnos solían homenajear a sus profesores. En Monesterio había una placa, colocada en 1922 y ya desaparecida, en una escuela que decía: «En este local cumplió con su grandiosa misión durante cuarenta años el benemérito maestro nacional don Luis García-Gill y Alba. Sus discípulos acordaron premiar su laboriosidad dedicándole esta lápida para perpetuar su memoria».
En no pocas ocasiones recalaban en las localidades maestros que por sus condiciones eran muy valiosos. A Monesterio llegó uno llamado Vicente Pelayo. En muy poco tiempo comenzó a revitalizar la vida local. En primer lugar fue el promotor de un «Campo de experimentación agrícola» homologado por el Ministerio de Instrucción Pública en 1922. Los objetivos de esta actividad eran los siguientes:
a) Observación directa y razonada de los hechos.
b) Ejercicios prácticos sobre la vida de las plantas, y sencillas experiencias y reconocimiento de tierras, semillas y abonos.
c) Cultivos en el agua, en macetas y en pequeños cuadros de ensayo.
d) Visitas y excursiones a granjas, establecimientos agrícolas modelo o a fincas bien cultivadas.
e) Formación de herbarios y de productos de la región.
Además, el «Campo de Experimentación Agrícola» de Monesterio tuvo adscrita una actividad de préstamos de libros, conocida como Biblioteca Circulante del Labrador, cuyo proyecto fue llevado a cabo y desarrollado por el citado maestro Vicente Pelayo. Esta iniciativa comenzó a gestarse unos años antes por el nombrado profesional cuando actuaba como Presidente de la «Juventud Cultural Recreativa». Esta biblioteca fue inaugurada en junio de 1927 por Sebastián García Guerrero, Presidente de la Diputación Provincial de Badajoz.
También se puede citar como actividad extraescolar la anual «Fiesta del Árbol». La localidad que es más antigua en su celebración, ya bicentenaria, es Villanueva de la Sierra, en Cáceres. Sin embargo, el 5 de enero de 1915 desde el Ministerio de la Gobernación se promulgó un Real Decreto que en su artículo 1º decía:
«Se declara obligatoria la celebración anual de una Fiesta del Árbol en cada término municipal. La fecha en que ha de celebrarse se fijará por las corporaciones correspondientes en sesión ordinaria, y el acuerdo se hará público para conocimiento de todos los habitantes del municipio. El Ayuntamiento deberá invitar a todos los funcionarios, asociaciones y entidades tanto oficiales como particulares, que en el término municipal residan».
Por otra parte, en esta época es cuando se empieza acrecentar y a nutrir de libros las bibliotecas escolares. En Monesterio se creó en 1925 la «Biblioteca Escolar Popular». Esta biblioteca se sustentaba con los donativos que recibía de la clase pudiente de la localidad.
En resumen, a la altura de 1930 la situación de la educación todavía era precaria en España. Sin embargo, el escenario era muy distinto al que se inauguraba a comienzos del siglo XX. Este repaso ha servido, así, para dar cuenta del estado de los medios materiales educativos hace 100 años.