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viernes, 4 de abril de 2008

El robo a Antonio Lobón en 1852




En la madrugada del 19 de noviembre de 1852 fue asaltada la vivienda de Antonio Lobón, un acomodado labrador de Monesterio. Fue desvalijado en todo lo que tenía valor y que por la inexistencia de bancos en esa época se guardaba en casa. Especialmente se llevaron numerosas monedas de oro que tenía atesorada, así como las sortijas heredadas de sus antepasados. Los cacos también se apoderaron de algunos pañuelos de tejidos ricos como la seda. Los ladrones que robaron a Lobón eran tres desconocidos y huyeron en sendas cabalgaduras. Este hecho se conoce gracias a la denuncia que interpuso en el Juzgado de Primera Instancia de Fuente de Cantos y que el Juez mandó publicar un edicto que se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia del 1 de diciembre de 1852.

«Don José Antonio de Cires y Rodríguez, Juez de Primera Instancia de esta villa de Fuente de Cantos y su partido, etc. Se anuncia por medio del presente, que entre dos y tres de la madrugada del 19 del actual [noviembre de 1852] ha sido robada la casa de Antonio Lobón, vecino de Monesterio, llevándose los ladrones ciento cincuenta onzas de oro, en un taleguito basto de estopa, otro taleguito de monedas de cuatro duros, una bolsita de pellejo llena de monedas de oro de veinte reales y veinte y uno y cuartillo y de dos duros, y como dos mil reales en napoleones de oro con un bolso de angeo y unos cuartos que tenía en una esportilla, cuatro pañuelos de la media de seda, otro de vara y media con fondo morado y ramos encarnados y otros colores, otro de lana de color de cielo de dos varas y media, otro ídem, de estambre de dos varas o siete cuartas, otro ídem verdoso, un par de aretes de oro de un topacio, una sortija de oro con nueve piedras francesas, un crucifijo de plata de más de seis dedos de largo, y una pañoleta de seda de todos los colores, antigua. Los ladrones son tres desconocidos con dos caballos negros y una mula roja, uno pequeño, grueso, regordete, otro más alto, robusto con calzones de pellejo de merina fina; y el otro más delgado. En el caso de que sean habidos se remitirán a disposición de este Juzgado con embargo de sus bienes. Dado en Fuente de Cantos a 25 de noviembre de 1852. José Antonio Cires».